Bon Scott

Bon Scott
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Amo a AC/DC. No es mi banda favorita pero cada vez que la escucho se me ensancha la borra que llevo dentro del cuerpo. Los discos de la etapa con Bon Scott le inyectan energía a esa borra que a veces se me pone inerte. En esos casos recurro a High Voltage para pasarle corriente.

Si existe una figura que me signifique el rocanrol encarnado, con todo lo bueno y lo malo, ésa es Bon Scott. Sé que existen otros roqueros con mejores credenciales. Pero Bon es el mito que nace y se agota en sí mismo. Sólo así es posible alcanzar la categoría de clásico. Y eso es lo que es un disco como Highway to Hell.

Bon Scott es una fuerza de la naturaleza, perdonen el lugar común. Me lo confirma la biografía Bon Scott (Global Rhythm, 2011) de Clinton Walker. Basta leer el prólogo de este libro para no sólo revalorar la figura del excantante de AC/DC sino para recordar que su dimensión no cabe en los cánones chabacanos del rock. Que era una subespecie. Aquí Clinton nos recuerda lo que cada uno de nosotros sabemos cuando escuchamos un álbum de la banda. Que en la aparente sencillez del sonido de AC/DC se esconde una profunda complejidad. Lo dijo Rick Rubin: pon a Metallica a tocar las sencillas notas de una canción de AC/DC y no podrán sonar nunca igual.

La base de la banda es el blues, y como el mismo Clinton asevera, AC/DC no es heavy metal. Tampoco es una banda de hard rock. Es una banda de rock a secas. Y en esa construcción del sonido y de la actitud Bon Scott fue una piedra angular. Una banda de cretinos, así puede uno calificar a AC/DC. Su historia parece una telenovela. Injurias, traiciones, paranoia. Entre todos menos entre los tres clavos de esta cruz en la que fue crucificado su vocalista: Bon, Malcolm y Angus Young. Estos dos cretinos y este ángel del rock tocaron el rocanrol como nadie.

Mi relación con AC/DC ha sido compleja. Cuando era un chamaco, como corresponde a la inocencia de un niño, la absorbí tal y como venía del cable. Y por supuesto que me electrizó. Más grande, como muchos, me aferré a Back in Black (la herencia de Bon) como un mariguano al toque.

"Bon Scott es una fuerza de la naturaleza, perdonen el lugar común".

Pero a partir de los veintidós comencé una relación seria con los discos grabados junto a Bon. Highway to Hell se convirtió en un imponderable. La razón es obvia. Es un excelente álbum para manejar en carretera. Y lo más importante, es estupendo para prenderse fuego a uno mismo. Y un sitio para buscar refugio. Cuando crecí y me percaté de que era pobre busqué en el rock, dónde más, héroes de la clase obrera. Y con perdón de Lennon y del Jefe, el epíteto le corresponde sólo a Bon. La calle que lo hizo grande fue la que lo mató. Nunca alcanzó el refinamiento de Springsteen o del exBeatle. De verdad no me imagino a Bon vivo ahora y viviendo en una mansión. Como tampoco a Kurt Cobain.

La música de AC/DC es un shot. Es una raya de coca. Es un trago de Four Loko. Y es una misión. Un trabajo que hacer. No me imagino qué habría sido de la juventud que ha pasado horas y horas interminables a solas en su habitación si el rock no hubiese existido. Por supuesto que se habría duplicado el número de asesinos seriales, de políticos y de guerras mundiales. Sí, es cierto. El rock ha puesto en el camino del infierno a muchos de sus protagonistas, pero ha salvado el alma de miles de millones de desamparados que en la música han logrado encontrar consuelo para sus almas.

Para mí, Dylan es mi pastor, pero siempre tengo en mente a Bon Scott. Y la otra noche tuve un sueño que no deja de asombrarme. Que recordaré hasta mi muerte. Era de noche y yo venía tristísimo. Había tenido el peor día de mi vida, en el sueño. No sé por qué caminaba por el barrio donde nací. Hace más de veinte años que no vivo ahí. Estaba a punto de llorar. Entonces vino hacia mí una figura en chaqueta de cuero y jeans. Me preguntó si no me acordaba de él. Que solíamos meternos a las cantinas del Centro en una época en que no tenía un peso en la bolsa. Y él me invitaba las caguamas. La melancolía y la tristeza que me inundaba se disipó. Entonces desperté. Caí en cuenta de que quien me había hablado en el sueño era Bon Scott. Aquí, en Torreón.

De ese sueño deduzco que no importa hacia dónde vaya mi vida, no estoy solo. Que Bon Scott me protege desde el más allá. Bendita música. Todo lo que hace por mí. Hasta en los sueños me rescata. El universo está de mi lado. Estoy preparado para lo que viene.

Gracias, Bon, recibí el mensaje.