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Foto: Especial

De un tiempo a la fecha, llegar a ser un escritor de renombre (contrato con una editorial grande incluido) ha ganado simpatía en los temas televisivos, cinematográficos y literarios. Claramente la figura del novelista exitoso ha ganado interés en el público. Desde Finding Forrester, (Gus Van Sant, 2000), The Ghost Writer (Polanski, 2010), Genius, la historia de Tom Wolfe (Michael Grandage, 2016) o The Words (Brian Klugman y Lee Sternthal, 2012), hasta series como The Affair (creadores Hagai Levi y Sarah Treem), las productoras han puesto atención en el mundo editorial, en su importancia y prácticas sociales. Esto ha hecho que el público se sienta cada vez más próximo a la lógica del personaje que busca el éxito como autor por medio de un libro que lo propulse y le resuelva la vida con un jugoso cheque. La situación es un poco más halagüeña que hacer fortuna a la antigua porque el resultado se da gracias al talento, la sensibilidad y la creatividad personal, y no a las triquiñuelas, fraudes o desfalcos que podría tener alguien que sólo se llena los bolsillos de dinero. En El último lector, Piglia compara la figura del autor con la del detective privado. Es posible que tenga razón y cada vez más el detective privado deje de ser el héroe de nuestro tiempo y empiece a ser desplazado por un escritor que esté a punto de ser publicado por una editorial trasnacional. La ilusión de ver su rostro en las paradas del autobús o siendo entrevistados en la televisión parece sublimar a algunos jóvenes de Occidente prácticamente hasta la erotización.

Dentro de esta lógica, aparece El libro de los espejos, de E. O. Chirovici (Transilvania, Rumania, 1964) quien propone una novela desde varias perspectivas: las de Peter Katz (editor literario), John Keller (periodista) y Roy Freeman (policía jubilado). Todo surge a partir del manuscrito de “El libro de los espejos” (el libro dentro del libro), obra de Richard Flynn, antiguo estudiante de literatura con ambiciones literarias, quien una noche, por una extraña razón, ha recuperado el tiempo perdido de una época en que amaba a una chica en 1987. Una discusión, un detalle o una reminiscencia lo han llevado a recordar cabalmente lo ocurrido en esos días respecto a un crimen muy sonado en el momento.

A la manera de Manuscrito encontrado en Zaragoza, de Jan Potocki, o La náusea, de Jean-Paul Sartre, entre otras obras, alguien comparte “El libro de los espejos” para que el editor pueda dictaminarlo de primera mano y contratarlo para su publicación. Lo que se encuentra el editor Katz parece ser una campus-novel (novela donde se trata una historia que sucede en el ambiente universitario o académico) que retrata la relación de Laura Baines, el profesor Joseph Wieder y el propio Flynn. Sin embargo, la historia sólo es un adelanto que deja en suspenso al editor, por lo cual Katz tiene que buscar a Flynn para averiguar el desenlace de la historia. La cuestión es que no sabe si el resto del manuscrito aún existe, si alguna vez existió o si lo podrá conocer, por lo cual —ante la falta de datos concretos—, Katz le solicita al ex policía John Keller que investigue todo lo relacionado con el asunto, con los personajes, si son reales y si realmente hubo un crimen que los relaciona de manera desafortunada.

Keller, quien ha leído el adelanto de la novela, trabaja en reconstruir los hechos y descubre la verdadera historia que subyace bajo lo escrito por Flynn. Quizá esto sea uno de los mayores aciertos de Chirovici, pues hay una suerte de acumulación de información que permite al lector llevar a cabo su propia investigación, ya que tendrá la versión primera de Katz, el manuscrito y podrá observar por encima del hombro de Keller. Hubo un asesinato, posteriormente uno de los implicados murió de muerte natural y, lo mejor de todo, no podemos estar seguros de que la versión que se nos ha dado en primera instancia es absolutamente verdadera. Los hechos se nos presentan uno tras otro, personajes derrotados y terapias psiquiátricas alternativas, como la hipnosis, empiezan a hacer acto de presencia a la par que los anhelos literarios naufragan antes de darse a la mar. Por su parte, el hecho de que Flynn haya manipulado sus propios recuerdos también está latente, porque más que mentir, ha recordado lo que de algún modo le conviene.

En este sentido, hay una influencia de buenas películas sobre la memoria y su forma de manipularse, pienso en Memento (Christopher Nolan, 2000) o Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (Michel Gondry, 2004) en las cuales se arguye que podemos defender o alterar nuestros recuerdos ante las adversidades del olvido. Y que somos capaces de crear recuerdos de cosas que nunca vivimos. De hecho, este es el punto de partida del propio E. O. Chirovici, quien cuenta que de niño lo llevaron a un sepelio donde habían introducido un balón en el ataúd. Para él la imagen había quedado en su memoria de manera indeleble, sin embargo, de adulto, sus mayores le dijeron que no pudo haber visto eso porque no lo habían llevado a esa ceremonia. De tal suerte, Chirovici se obsesionó de una manera profunda con la manera en que la memoria atrae o suelta detalles hacia ella misma, y que incluso puede crear recuerdos con ayuda de la imaginación. Por su parte El libro de los espejos, al ser construida como una historia literario-policiaca, también implica un logro al plantear numerosas tramas internas, versiones y contraversiones, así como una cantidad de personajes fascinantes. Como tal retoma el simultaneísmo narrativo de obras como Puertas del paraíso, de Jerzy Adrzejewski, donde los personajes se contradicen entre sí al narrar los diferentes hechos de una extraña cruzada realizada por niños. En su momento, Flynn señala que deseaba ser un autor a la manera de Don DeLillo, Cormack McCarthy o Philip Roth; lo mismo homenajea a Faulkner, con lo cual exhibe cuáles son los zapatos que busca llenar. Al ver la magnitud y la precisión de la construcción de la trama, uno se da cuenta de que El libro de los espejos ya tiene un lugar en la lista de la gran novela norteamericana.


E. O. Chirovici: El libro de los espejos, traducción de Laura Salas Rodríguez, Literatura Random House, México, 2017.

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