El día de la paternideath

El día de la paternideath
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Cuando era niño no existía el Día del Padre. A riesgo de sonar chairo, más que un sentimiento colectivo real me parece que se trata de un invento del capitalismo tardío para incitarnos a gastar a lo pendejo. By the way, tampoco existían el día del abuelo, ni el del 4/20 y tampoco el Record Store Day.

Confieso que la presión social producto del Día del Padre me abruma. Mi madre y la madre de mi hija se empeñaron en que pasara el día con mi retoño sólo para   inocularme culpa si no cumplía con esta conmemoración recién adquirida. Como si no tuviéramos ya demasiadas convenciones sociales por reverenciar. No soy un ogro, pero paso cuatro días de la semana con mi hija como su chofer, la única recompensa que espero es el fin de semana para descansar. No es una casualidad que el Día del Padre se festeje un domingo, cuando todo mundo tiene tiempo para salir a restaurantes y de compras. Tampoco quiero aparentar amargura, pero nunca ha estado en mi horizonte como papá esperar a que me feliciten por hacer mi trabajo.

No me gustan las medallas, desconfío de lo que representan. Y desconfío más de quienes se las cuelgan a sí mismos. ¿Quién es un mal padre? Aquel que se la pasa en redes sociales presumiendo a sus hijos. Claro, existen excepciones, hay personas que no pueden abstenerse de publicar su vida entera en redes, incluidas las de sus hijos. Yo me niego a compartir momentos con mi hija porque pertenecen a mi vida privada. Muchos van a pensar que esto es contradictorio ya que en mis crónicas cuento todo, pero en el caso de la familia me reservo muchas cosas.

La paternidad y las redes son una mala combinación. He visto a personas publicar que no tienen para dar la pensión alimenticia. Esto me resulta deplorable. Detrás de la sinceridad se oculta un orgullo secreto. El de ser un miserable. Mi padre me abandonó a los cinco años. Y a los 72, cuando tuvo un paro cardiaco, se acordó que tenía hijo y nieta. No lo culpo, entiendo que su vida lo arrastró al vicio. Yo he estado ahí, pero no me he dejado ir con todo porque tengo una responsabilidad con mi hija.

"Quiero que mi hija tenga herramientas para defenderse. Todo lo demás me vale madre".

Hace unas semanas leí Teoría King Kong. Despentes habla de la paternidad activa. Desde que nació mi hija, con excepción de un tiempo en que nos distanciamos cuando la separación con su mamá, yo he estado presente. Y no lo digo para hacerme el deconstruido. Es la circunstancia la que me ha obligado. La madre de mi hija lleva más de doce años en el mismo trabajo y me ha tocado a mí salir al quite. Y a mi madre. Mi psiquiatra preguntó una vez si yo estaba conforme con este acuerdo. Sí, respondí sin dudarlo. Nadie tiene la culpa. Las cosas se dieron de esa manera y ya está.

Algunas semanas termino hecho un trapo. Salimos a las tres treinta de la tarde a la clase de baile. A las cinco es natación. Y después llegar a casa, obligarla a que se bañe, luego darle de cenar, que practique una hora en el piano y después vigilar que no se desvele. Todo bajo una temperatura de cuarenta grados. Honestamente termino hasta la madre. Quienes no viven en el desierto no se pueden imaginar lo que te produce estar tantas horas bajo el sol. Aunque sea dentro del coche. Llego a casa como si el que hubiera bailado y nadado hubiera sido yo.

No es nada glamuroso ser papá. ¿Creen que me quedan ganas de presumir en Facebook lo feliz que soy? ¿Subir fotos con mi hija de lo cool que es la rutina? Bullshit.

La gente me pregunta cómo es que soy tan prolífico, cómo escribo tanto. La verdad es que no lo sé. Porque las tardes hace mucho que han dejado de ser mías. Y ahora que mi hija está en piano trato de viajar lo menos posible porque soy yo el que la obliga a practicar. Cuando nació por supuesto que la prioridad era el asunto económico, después fue la educación. A los cuatro años era una pequeñita hermosa a la cual vestía como quería. Hoy es un ogro malhumorado con barros en la cara que azota la puerta de su habitación.

En el presente la preocupación es otra. Enseñarle constancia y disciplina. Por eso no puede faltar al piano y a la natación. Que nade me hace sentirme conectado con ella. Y en estos tiempos en que la depresión ataca implacablemente, quiero que tenga herramientas para defenderse. Todo lo demás me vale madre. Incluido el puto festival escolar por el Día del Padre.

Qué te regalo, me preguntó mi madre. Pos cómo qué, le contesté. Pisto. Porque soy el mismo desde el día que nació. Un hombre dividido. El que la cuida algunos días y el que se autodestruye en los ratos que le quedan libres.