Miércoles 2.12.2020 - 10:05

El rebelde del acordeón

El rebelde del acordeón
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La cumbia llegó del norte. La trajo de Monterrey Celso Piña, el compositor, acordeonista y cantante que tocaba vallenato y cumbia colombiana en los sonideros de la colonia Independencia, a las faldas del Cerro de La Campana. Al forjador de un estilo que encabezó un movimiento musical se le detuvo el corazón el 21 de agosto, a los 66 años, pero su acordeón y su alma llena de cumbia norteña siempre insuflarán el baile donde sea que suene.

Aunque Piña tocaba con sus hermanos de la Ronda Bogotá desde los años ochenta en los márgenes de Nuevo León, Coahuila, Tamaulipas, Baja California y Sinaloa, en el resto del país y en el mundo supimos de él por el disco Barrio Bravo (2001), producido por Toy Selectah. Piña se coronó como un rey del sincretismo musical. Le metió a los ritmos tropicales en una región donde sonaban el corrido y la banda. Armado con el acordeón, común entre el vallenato y la norteña, creó su estilo de sonidero, el eco del nacimiento de la contracultura cholombiana y su baile de cumbia rebajada con hip-hop, corrido, reggae, ska y rock.

Al principio sólo atrajo a chicanos, cholos y malandros, pero en los noventa y los dosmiles la cumbia urbana tomó por asalto las ciudades. Se puso de moda. Era el efecto de la “Cumbia Poder”, una música viva, en evolución, promiscua, callejera y autodidacta, que sedujo por igual a rockeros, raperos, amas de casa y niñas popof. La cumbia regia no sólo cruzó las fronteras de América y Europa, también atravesó las divisiones de clase social.

"Se puso de moda. Era el efecto de la  Cumbia Poder , música en evolución, promiscua, callejera y autodidacta.

La discografía de Mr. Cumbia Man es larga y movida, entre el meneo y el perreo alcanzó casi la treintena de producciones, como las ponedoras Rebelde (2002), Mundo Colombia (2002), El canto de un rebelde (2004) y Cumbia de la paz (2006). Si no estaba de gira, andaba chingándole en el estudio; alternó con el Gran Silencio, Blanquito Man, Poncho Figueroa, Lupe Esparza, Julieta Venegas, el Flaco Jiménez y Alejandro Marcovich. En su último disco, Música es Música (2017), tocó con la Sinfónica de Baja California.

El 27 de agosto se le organizó un tributo en la Explanada de los Héroes, donde más de ochenta músicos participaron en la fiesta patria, mientras que el alcalde Adrián de la Garza propuso bautizar con su nombre una calle de Monterrey. En una crónica del 28 de junio sobre Celso Piña en el Prospect Park Festival de Nueva York, Juan Alberto Vázquez describe que fue el único artista en poner a bailar a la diversidad racial con su acordeón y su “personalidad magnética, arrolladora, bohemia, delirante, irreverente y entrañable”. Así será recordado ahí donde dos o más se reúnan a bailar con su música.