En la entrevista como género y arte

En la entrevista como género y arte
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I.LO QUE SE OCULTA DETRÁS DEL PROCESO CREATIVO

La pregunta consigue en la entrevista su cumbre. Claudio Magris afirma que todo texto dice más que la persona que lo escribió, la cual no siempre es la más indicada para hablar de él, mucho menos para interpretarlo. Por lo tanto, el escritor triestino no intenta explicar sus libros, porque no es de su incumbencia. A él, dice, solamente le corresponde narrar cómo y por qué nació el libro. Esto es lo que puede hacer un escritor con su entrevistador: “transmitir el sentido de lo que para él significó la escritura de su libro, hablar sobre las pasiones, las complicaciones y las interrogantes que se ocultan detrás del proceso creativo”. Al lector le corresponde encontrarse o no en el libro, o con el autor mismo reflejado en la entrevista, una especie de conversación dirigida.

"Las entrevistas no sólo crean autobiografías inmediatas, sino que ofrecen un modo dinámico de crítica, un espacio para el libre juego de ideas".

II. AZAR, IMPROVISACIÓN, ESPONTANEIDAD

El azar, la improvisación y la espontaneidad editada emergen como atributos de la entrevista en una forma de autobiografía. Las entrevistas no sólo crean autobiografías inmediatas de sus sujetos, sino que ofrecen un modo dinámico de crítica, un espacio para el libre juego de ideas. Es una de las tesis de Jerome Boyd Maunsell —investigador del Centre for Life-Writing Research (Centro para la Investigación de la Escritura de la Vida) en el King’s College de Londres— que suscribo, planteadas en el ensayo “La entrevista literaria como autobiografía”, publicado en European Journal of Life-Writing de la Vrije Universiteit de Ámsterdam.

Maunsell, autor de la biografía de Susan Sontag, narró el origen: las entrevistas literarias son un género relativamente nuevo, ligado al uso de la grabadora a partir de la década de 1950. Antes de eso, se debían a las notas tomadas en el intercambio de preguntas y respuestas entre los periodistas y sus entrevistados a mediados del siglo XIX. Sin embargo, el término entrevista (interview) apareció por primera vez en inglés en 1514, del francés entre-veue. Estudiosos europeos acordaron que la primera entrevista literaria apareció en Le Petit Journal, en Francia, en 1884. Y las entrevistas de Jules Huret con escritores, artistas y actores en Le Figaro de 1890 a 1905 fueron pioneras en el estilo de la entrevista literaria; Huret fue el primer periodista en ver las posibilidades del género, escribió Maunsell.

III. PARA SABER CÓMO ERA HABLANDO

En el texto “Un entusiasmo”, incluido en Si yo amaneciera otra vez —libro que contiene doce poemas de William Faulkner que forman parte de A Green Bough—, Javier Marías, traductor del volumen, escribió: “Faulkner habló bastante a pesar de todo, y al leer sus entrevistas uno se siente agradecido hacia ese género [...]: a veces es lo único que queda para saber cómo era hablando un personaje público desaparecido, las biografías no suelen saber contarlo”.

IV. UN SUTIL COMBATE DE ESGRIMA

La entrevista, con su simultaneidad de autobiografía y crítica, también es un desafío verbal, amable y prolongado:

Por desgracia, seguí diciendo, lo que es válido en la relación entre dos personas, no lo es respecto a las reglas de la entrevista como género literario —porque es un género literario cuando sobrepasa los niveles del mero periodismo—, que habitualmente tiene algo de combate de esgrima entre entrevistador y entrevistado. ¿Será el riesgo implícito en ese ejercicio lo que convierte al género en un arte? —cuestionó Luis Goytisolo en Estatua con palomas.

La entrevista se convierte en arte, adquiere el carácter de género literario, cuando existe un equilibrio de perspicacia e imaginación entre las partes, un gesto de complicidad, a la vez que deviene en un reto. Cuando el entrevistador sobrepasa los estándares del mero periodismo logra que el entrevistado ensaye oralmente, que elabore un texto inmediato.

V. LA ENTREVISTA COMO RETRATO

Regreso al exquisito ensayo de Jerome Boyd Maunsell. La situación de la entrevista, tan diferente de la producción literaria, siempre solitaria, refleja de alguna manera la tradición de retratar personajes en las artes visuales, en la medida en que un retrato y una entrevista representan un encuentro entre dos (o más) personas, con el fin de producir un resultado en imágenes o palabras. En las entrevistas, sin embargo, el personaje habla y crea gran parte del texto final, mientras que en las artes visuales el retrato sólo es producido por el artista, no por el retratado.

En las entrevistas literarias, el marco del encuentro o los encuentros —como sugirió David Foster Wallace según el autor de Portraits from Life. Modernist Novelists and Autobiography, Jerome Boyd Maunsell— frecuentemente es decisivo en el resultado final. En la pintura, el papel del marco a menudo es menos restrictivo que en las palabras, en las que a veces hay más tensión entre el espacio dado para la entrevista final impresa (a menudo breve) y la charla en sí misma (a menudo muy larga). Por lo tanto —asevera el biógrafo de Susan Sontag—, las entrevistas literarias tienden a existir en dos formas: como una transcripción sin editar y como el texto impreso final. Allí reside su dualidad. La entrevista literaria estandarizada, relacionada con la publicación de un libro en particular, puede ser insatisfactoria debido al marco estrecho y al contexto limitado. En cambio, la entrevista de amplio espectro como género literario es un experimento que recurre al acto del recuerdo. Lo reinventa conforme la conversación se desarrolla.

"La entrevista se convierte en arte, adquiere el carácter de género literario, cuando existe un equilibrio de perspicacia e imaginación entre las partes, un gesto de complicidad, a la vez que un reto".

VI. UN PALACIO DE ENTREVISTAS

Considero que The Paris Review es el palacio de las entrevistas literarias. Es el punto de referencia para los grandes entrevistadores. Rodrigo Fresán recuerda que The Paris Review ya era diferente en los cincuenta, cuando inició las grandes entrevistas con escritores, el primero de ellos E. M. Forster. George Plimpton —uno de los miembros fundadores de esa publicación— las recogió en más de veinte volúmenes de la serie Writers at Work: The Paris Review Interviews. Y, dijo Fresán, por mucho que en más de una ocasión uno sospeche que lo que allí se confía son, también, ficciones, las respuestas a aquellas preguntas “acaban configurando una suerte de Gran Novela y mapa del universo que funciona como manual de instrucciones a la vez que como modelo para desarmar”. Yo agregaría: una suerte de Gran Ensayo. Se trata de cúspides de la reflexión.

Por otro lado, Enrique Vila-Matas recuerda que en la Universidad de Illinois se publicó un interesante estudio colectivo acerca del “espectro, sombra e influencia” de las famosas entrevistas literarias de The Paris Review en la vida cultural de nuestro tiempo. Pero algunos autores son reticentes. Para John Updike, dice el escritor barcelonés, las relaciones entre entrevistador y entrevistado ya estaban siempre tergiversadas desde el primer momento: “En cualquier entrevista uno termina por decir más de lo que deseaba decir, o menos. Abandona uno el terreno que le es más propio, el de la escritura”.

VII. ABANDONAR EL TERRENO MÁS CONVENIENTE

Que el escritor, artista o pensador abandone el terreno que le es más propio, que renuncie a su zona de confort y que escriba sin más herramientas que su voz es el propósito de cualquier entrevistador que aventaje los niveles del simple periodismo.

La entrevista es un género literario, un testimonio, una forma de arte, la mayor conversación posible, por lo tanto se presta a todo tipo de interpretaciones. Cuando alcanza su apogeo, la entrevista se convierte en un vaivén de ideas eléctrico.

VIII. LLUVIAS CREATIVAS

El origen eléctrico de todas las lluvias incluye una breve selección de las múltiples conversaciones que he sostenido con escritores, artistas y pensadores de diversas latitudes a lo largo de una década. Las entrevistas —que realicé en España, Francia y México—tuvieron como escenario bibliotecas personales inmensas, museos, universidades que abogan por la preeminencia del humanismo, casas editoriales, estudios artísticos, librerías, salones de hoteles, bares, ferias del libro, cafés, jardines, festivales de poesía, fundaciones literarias, terrazas en atardeceres perpetuos. En cada uno de esos recintos las voces de los entrevistados trascendieron y alcanzaron el nivel de la obra. Me gusta pensar que las conversaciones se volvieron parte de ella. Celebro, entonces, a los grandes conversadores.

El origen eléctrico de todas las lluvias

UN PRÓLOGO DE CLAUDIO MAGRIS

La entrevista, en particular, pero no solamente la literaria, es un verdadero género literario. Es un texto en el que quien realmente cuenta no es aquel que responde sino, sobre todo, el que plantea las preguntas, las interrogaciones puntuales, porque si las inquisiciones son poco significativas no es posible ninguna respuesta con un significado. Las entrevistas, en efecto, pertenecen a aquellos que las traman.

No por casualidad, justamente, hay libros que son antologías de entrevistas cuyo autor es aquel que ha formulado las preguntas y ha sabido reorganizar las respuestas, que a menudo pueden ser interesantes pero, en el frenesí del diálogo, a veces pueden llegar a ser repetitivas y redundantes. Estoy muy pero muy agradecido con Alejandro García Abreu porque me pude percibir y me siento comprendido y asido a fondo en las cosas esenciales de mi vida y de mi escritura. En la entrevista, el entrevistado deviene en personaje de la fantasía y de la inteligencia del entrevistador. Es el caso de El origen eléctrico de todas las lluvias. Entrevistas con escritores, artistas y pensadores.

Caffè San Marco, Trieste, 2019.

Traducción de María Teresa Meneses

[caption id="attachment_1162656" align="alignnone" width="945"] Claudio Magris (1939). Fuente: sipse.com[/caption]

Los conversadores

Michel Butor, Roberto Calasso, Emmanuel Carrère, Mircea Cărtărescu, Javier Cercas, Lydia Davis, Jorge Edwards, James Ellroy, Joan Fontcuberta, Nan Goldin, Etgar Keret, Paul Krugman, Eduardo Lago, Gilles Lipovetsky, António Lobo Antunes, Claudio Magris, Norman Manea, Alberto Manguel, Mercedes Monmany, Daniel Mordzinski, Cees Nooteboom, Fania Oz-Salzberger, Orhan Pamuk, Goran Petrović, Ricardo Piglia, Rob Riemen, Vicente Rojo, Charles Simic, Peter Stamm, Gonçalo M. Tavares, Enrique Vila-Matas y Monika Zgustova.

[caption id="attachment_1162657" align="alignnone" width="709"] Orhan Pamuk (1952). Fuente: britannica.com[/caption]

[caption id="attachment_1162658" align="alignnone" width="709"] Monika Zgustova (1957). Foto: Drew Stevens / es.wikipedia.org[/caption]