Domingo 18.04.2021 - 04:03

Hadewijch de Amberes poema

Muchas veces la poesía conserva su aroma a pesar de que unos versos leídos hoy provengan de tiempos
muy lejanos. Hadewijch de Amberes vivió y escribió a mediados del siglo XIII en lo que hoy
es Bélgica y entonces pertenecía al Sacro Imperio Romano Germánico. Fue una creyente que no tomó
los hábitos religiosos. La canción que ofrecemos pertenece a un poema largo donde reflexiona con sutileza
sobre el amor. Pronto circulará, bajo el sello El Tucán de Virginia, una antología muy completa de su trabajo poético.

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Hadewijch de Amberes poemaFoto: Pixabay
Por:
  • Stefaan Van Den Bremt

Del año nuevo

se espera el nuevo tiempo

que trae nuevas flores

y muchas nuevas alegrías.

El que bajo el amor sufre,

podrá ponerse alegre:

no se le escapará.

Pues el vasto poder de amor

es nuevo y muy afable

y suave en su conducta:

alivia y endulza

toda nueva pena.

Ay, cuán nuevo sería

el que secunde a nuevo amor

con nueva lealtad sincera,

como el novato debiera hacer.

Al aparecérsele amor,

pocos amigos atesoraría.

Le pesaría muy poco

por el apego de amor;

pues con la nueva bendición

reconforta al novato,

que vuelve a renovar

lo que amor de nuevo toca.

Ay, es nuevo en toda hora

amor que se renueva cada día.

Impulsa a renacer al novato

con nuevas bendiciones.

¡Desventurado el viejo! Con su recelo

del amor, no lo aguanta.

Envejece amargado,

aciago e infeliz.

De los nuevos está alejado,

y se le escapa lo novedoso

que yace en el amor nuevo,

en el fondo del nuevo amor.

Ay, ¿dónde amor ahora está

con su nueva bendición?

Pues enardece mi ansiedad

sobrada pena nueva.

Toda mi mente se derrite

en la furia de amor.

El precipicio al que me lanza

es más profundo que la mar;

en su abisal y nueva hondura

se renueva mi herida.

Ya no deseo curación

antes de encontrar el amor nuevo.

A los sabios, ancianos y nuevos,

que se entregan de nuevo a amor

y, nuevos, no atesoran ningún esfuerzo,

los llamo nuevos y viejos.

Viven con dignidad altiva,

pues a amor tienen apego

y lo devoran con la vista.

Así su fuerza de amor crece.

Como nuevos se deben dar

y como ancianos apoyarse en amor,

para ir adonde su querido los lleve

con nuevos bríos de nueva pasión.

Los que a la escuela de nuevo amor

con nuevo amor acuden,

y a nuevo amor piden consejo,

y a nueva lealtad rinden honor,

muchas veces parecen errabundos.

Se los devora en cuerpo y alma

la desdicha de amor,

por el que se desviven.

Y así de nuevo amanece

la nueva verdad íntegra

y de nueva manera me descubre

lo que, tácita, me prometió.

Ay, ¡cuán dulce es la nueva!

Si trae nueva adversidad

y muchas nuevas penas,

nos da un nuevo sostén;

pues así amor nos premiará

con un gran nuevo honor.

Así nos dejará acceder

a su consejo máximo,

y lo nuevo será completo

con la nueva fruición suprema

que exulta: “Es mío el nuevo amor”.

Ay, rara vez ocurre tal novedad.

De todos los que eludan a lo nuevo

y con innovaciones extrañas se renueven,

han de dudar los novísimos.

¡A reñirlos con todos los nuevos!