Martes 24.11.2020 - 14:42

João Gilberto: Triste final

João Gilberto: Triste final
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En los primeros días de julio falleció, a los 88 años, el compositor, guitarrista y cantante brasileño João Gilberto. No se mencionó la causa de su muerte, pero sí las tristes condiciones en las que el llamado Padre del bossa nova se llevó su ritmo al otro mundo. Lo impresionante fue saber que alguien de su estatura, el creador de un género musical, personificó el miedo que tenemos a envejecer pobres, solos y enfermos.

Así como el punk de Mike Ness me montó al caballo del country, el cool jazz de Stan Getz me llevó del saxofón al bossa nova. Confieso que durante años lo aborrecí debido a una pesadilla laboral corporativa. Durante un par de años trabajé en una empresa de movilidad ubicada en Santa Fe, donde el sonido ambiental era una estación de bossa nova new age. Lo peor era que la programación incluía canciones clásicas de rock y pop interpretadas en ese bossa nova soft. Era la suave tortura de todos los días, de 9 a 6, horas de sopor musical que sólo soportaba armado con unos audífonos. Tiempo después escuchaba detenidamente el jazz de los blancos que tocaban como negros y Getz me reencontró con el auténtico bossa nova, el hijo feliz de la samba y el jazz. Hasta entonces me di la oportunidad de escuchar a Gilberto con calma.

"Pasó los últimos años solo, con broncas de salud, desalojado".

En la invención del bossa nova intervinieron también el pianista y compositor Antonio Carlos Tom Jobim y el poeta Vinícius de Moraes escribiendo las letras. Gilberto era la voz, un susurro dulce y melódico; además tocaba la guitarra con un estilo y un ritmo sincopado únicos. Su entonces esposa, la cantante Astrud Gilberto, lo acompañó haciendo dúo en los primeros discos. La música que crearon, las canciones clásicas que todos hemos escuchado alguna vez, interpretadas por todo tipo de artistas, “Garota de Ipanema”, “Chega de Saudade” y “Desafinado”, pusieron a Brasil en los oídos del mundo durante la segunda mitad del siglo XX.

Por eso, leer que Gilberto pasó los últimos años solo, con broncas de salud, viviendo de prestado y desalojado porque debía 60 mil dólares de renta, además de 380 mil  por conciertos cancelados debido a sus males, me puso a pensar. Si a un artista de su talla, patrimonio musical de Brasil y de la humanidad, le fue tan mal, ¿qué nos depara en la vejez a los simples mortales que disfrutamos su música? Que le haya ido así sólo habla de lo pinche ojete que es este mundo. Vale madres que le haya dado felicidad a tanta gente con su música. Irónica como es la vida, justo cuando falleció, el tribunal de Río de Janeiro determinó que Universal pagaría las regalías que le debían desde 1964, más un pago adicional por daños morales. 55 años tardaron las autoridades brasileñas en resolver el robo impune de la disquera, denunciado décadas atrás. En ese pantano de mierda floreció la belleza musical del bossa nova.