La música no se detiene

La música no se detiene
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La música es movimiento. Y el movimiento es equilibrio. Basta que sus vibraciones viajen en el aire, nos llenen los oídos y desfilen hacia el cerebro para que algo empiece a moverse adentro y afuera de nosotros. Hoy el mundo vive en pausa y, sin embargo, no deja de respirar música que nos equilibra en el encierro. Como en la canción de Grateful Dead, The Music Never Stopped.

Una de las razones que impulsan esta columna es que las personas seguimos llenando nuestras vidas de música: nuestro tiempo, nuestros espacios y nuestras actividades se animan con ella. Su ausencia sería un horror, como anotó el filósofo que mató a la estrella de radio; la vida se estancaría insoportable, silenciosa, aburrida y vacía. Sus sonidos mueven al mundo como caballos de fuerza las 24 horas, ese pulso de la humanidad que nos oxigena como el aire.

¿Qué sería de uno sin el salvavidas musical en esta cuarentena? Ya me hubiera tirado por la ventana. ¿Y qué va a ser de los músicos sin espacios para escucharlos, sin conciertos ni giras? ¿Quién estaría dispuesto a comprar sus discos? Todos los artistas se las ven negras en sus terrenos, los músicos han sido golpeados desde la aparición de las plataformas. Sus únicas fuentes de ingreso son tocar en vivo, vender parafernalia y cobrar las raquíticas regalías que obtienen del streaming.

"¿Qué va a ser de los músicos sin espacios para escucharlos, sin conciertos ni giras?".

Con todo en contra, en México y en el mundo los músicos siguen tocando, salvándonos de no enloquecer en el encierro. El único camino que les queda es el de sus transmisiones y festivales en línea. Son una curiosidad, pero sería el fin si los conciertos se normalizan como si fueran videojuntas de trabajo. Lo irónico es que nunca habíamos tenido la oportunidad de escuchar y descubrir tanta música y compartirla. Cuando pueda salir lo primero que quiero es ir a un concierto. A los músicos les debemos más de lo que imaginamos.

Por eso me hizo ruido la declaración de María de los Ángeles Huerta, la diputada que se queda dormida en la chamba, al afirmar que la cultura no es prioridad y que los artistas no deberían pedir ayuda, sino darla, porque “nadie del sector cultural se muere de hambre ni es pobre”. Ignora que los artistas siempre han sido nuestros médicos emocionales y lo hacen en medio de la pandemia como los músicos del Titanic. Que la música nunca se detenga.