La madre de la neuropsicología

Redes neurales

9
Doctora Brenda Milner (1918).Fuente: statnews.com
Por:

El primero de septiembre del 1953, William Scoville, neurocirujano, realizó una cirugía llamada “resección bilateral de las porciones anteriores del lóbulo temporal medial”. Aunque era un cirujano innovador y competente, su cirugía ha pasado a la historia como consecuencia de un efecto adverso inesperado. En justicia, el doctor Scoville tuvo la agudeza de publicar el efecto adverso tras someterlo a un minucioso análisis, en lugar de ocultarlo o minimizarlo, como lo habría hecho algún bribón. El paciente es conocido con las siglas H. M.1

H. M. era un hombre de 27 años, de inteligencia normal. Tenía estudios de bachillerato y padecía crisis epilépticas desde los diez años. A pesar del tratamiento con múltiples medicamentos, la frecuencia de las crisis epilépticas había empeorado y lo hizo progresivamente incapaz de trabajar, por lo cual se tomó la decisión de operarlo. La cirugía consistió en la extirpación de la amígdala y el hipocampo, de manera bilateral. Tras la intervención, las crisis epilépticas disminuyeron en frecuencia y severidad, pero un grave efecto colateral hizo su aparición y quedó inscrito en los anales de la ciencia médica: se observó una grave pérdida de la memoria para eventos recientes.

En ese entonces la memoria comenzaba a estudiarse desde el ángulo de las ciencias neurológicas, mediante experimentos innovadores en el quirófano. Algunos pacientes eran sometidos a cirugía mientras permanecían despiertos, y un neurocirujano realizaba en tales condiciones una estimulación eléctrica de la corteza cerebral. El cirujano en cuestión era Wilder Penfield, alumno del padre de la neurocirugía, Harvey Cushing. Durante la Primera Guerra Mundial, Penfield prestó sus servicios en Francia; fue herido mientras iba a bordo de una embarcación alcanzada por un torpedo. Se mudó a Canadá, donde desarrolló la cirugía con pacientes despiertos, y logró establecer mapas de la función cortical. Así descubrió la existencia de homúnculos sensitivos y motores en la corteza parietal y frontal, es decir, representaciones del cuerpo que pueden provocar movimientos o sensaciones corporales cuando son estimuladas en forma directa. Penfield descubrió que ciertas regiones de la corteza cerebral generaban experiencias subjetivas como alucinaciones visuales y auditivas, o el enigmático déjà vu: el sentimiento de haber visto ya situaciones que realmente son nuevas.

QUIZÁ LA ALUMNA más brillante de Penfield fue la neuropsicóloga canadiense Brenda Milner. En 1955, Penfield y Milner reportaron un problema de memoria en dos pacientes sometidos a una cirugía para retirar estructuras del lóbulo temporal medial en el hemisferio izquierdo.2 Luego de muchos siglos de filosofía de la memoria, y varias décadas de investigaciones clínicas en torno a la amnesia, por primera vez se proponían estructuras físicas precisas para los procesos de memorización.

Cuando el doctor Scoville se enteró de los hallazgos de Penfield y Milner, tuvo el acierto de invitarlos a examinar a sus propios pacientes. Milner (quien aparece en muchos relatos a la sombra de aquellos gigantes, injustamente) aceptó la invitación. El 26 de abril de 1955 Milner valoró al paciente.

Minutos antes de la evaluación neuropsicológica, H. M. platicaba con un célebre neurocirujano, Karl Pribram, pero al ser interrogado al respecto por la neuropsicóloga, afirmó que no recordaba el hecho y negó haber hablado con alguien antes de la evaluación. Cuando se le interrogó acerca de su cirugía cerebral, no la recordaba. Al preguntarle la fecha, el paciente contestó que se encontraba en marzo de 1953, es decir, antes de la cirugía. También se redujo dos años de edad. Todo indica que de ningún modo lo hacía por motivos de vanidad y apego a la juventud. H. M. padecía un síndrome amnésico.

Mientras escribo este documento sobre la amnesia, la doctora Brenda Milner está a punto de cumplir 102 años de edad

Durante la exploración cognoscitiva, fue evidente que sus funciones de percepción, lenguaje, razonamiento abstracto y solución de problemas no tenían defectos. Su calificación de inteligencia general había mejorado con respecto a la evaluación prequirúrgica: en 1953 obtuvo 104 puntos, mientras que en 1955 su calificación subió a 112. Pero esta mejoría de la medida global de inteligencia estaba en contraste con el defecto flagrante de la memoria.

Si imaginamos por un momento que somos observadores en el cubículo de Brenda Milner, podremos analizar con más cuidado el desempeño de H. M. en las pruebas de memoria. No sabemos si el aroma matutino del café influye en las tareas de memoria, porque ignoramos si la doctora Milner toma café ese día; tampoco sabemos si  la exploración ocurre en la mañana o en la tarde. Pero observamos que algunos ejercicios son más difíciles que otros para H. M. Las funciones más afectadas son aquellas en las cuales se requiere memoria anterógrada, es decir, capacidad para registrar, codificar, almacenar y evocar información nueva.

Al pedirle que recuerde historias y dibujos, H. M. lo hace muy mal y su trabajo es peor aún en una tarea conocida como aprendizaje por asociación, donde se debe memorizar parejas de palabras, por ejemplo “bebé-gritos”, “metal-fierro”, “accidente-oscuridad”. Por otra parte, cuando un ejercicio que ya había sido realizado se le presenta nuevamente, H. M. dice que no lo reconoce y todo indica que lo dice sinceramente: su tono de voz, su lenguaje corporal, sus gestos faciales; al menos la doctora Milner no duda de la veracidad de H. M. Ella escribe en su artículo definitivo las siguientes palabras:

En síntesis, el paciente parece tener una pérdida completa para los eventos subsecuentes a la resección temporal medial bilateral realizada 19 meses antes, junto con una amnesia retrógrada parcial para los tres años anteriores a su operación; pero las memorias tempranas parecen normales y no hay deterioro de la personalidad o la inteligencia general.1

Desde aquellos días, el señor H. M. ha sido estudiado en múltiples ocasiones y siempre se confirma el hallazgo de Brenda Milner. En las décadas posteriores, ha sido capaz de formar solamente unos cuantos recuerdos nuevos, por ejemplo, el asesinato del presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy.

Más allá del hallazgo involuntario de una ruta para investigar la localización anatómica de la memoria, la conceptualización de esta función mental no volvería a ser la misma tras los experimentos de Milner; el hermoso edificio teórico levantado por la filosofía y la psicología, desde la antigüedad y hasta mediados del siglo XX, se tambaleó para luego reconstruirse.

En particular, el estudio de la memoria sufrió una interesante disección. Los tipos de memoria fueron reescritos y se hizo más evidente la diferencia entre la memoria anterógrada y la retrógrada, la de corto plazo y la de largo plazo, la explícita y la implícita. Mientras escribo este documento sobre la amnesia, la doctora Milner está a punto de cumplir 102 años de edad, con lo cual se consolida como la última figura viviente entre los fundadores de las neurociencias clínicas, y a mi juicio podemos recordarla con el título de Madre de la Neuropsicología.

Referencias

1 W. B. Scoville, B. Milner, “Loss of Recent Memory After Bilateral Hippocampal Lesions”, J Neurol Neurosurg Psychiatry, 1957.

2 W. Penfield, B. Milner, “Memory Deficit Produced by Bilateral Lesions in the Hippocampal Zone”, Arch Neurol Psychiatry, 1958.