¿Profesión? Youtuber

¿Profesión? Youtuber
Por:

El 3 de abril de 2018 hubo un tiroteo masivo en Estados Unidos, lo cual se ha vuelto habitual en ese país. Pero en esta ocasión el hecho involucraba circunstancias poco habituales.

El primero de ellos fue el lugar: la sede de la compañía YouTube en San Bruno, California, en el corazón del Valle del Silicio, motor creativo de la revolución digital; el segundo, la identidad del perpetrador: una mujer de origen iraní, Nasim Najafi Aghdam, quien se suicidó tras herir a tres empleados con una pistola de nueve milímetros; el tercero fue la causa de su ira: a su parecer, la empresa no le retribuía adecuadamente por su actividad.

Nasim pensaba, como muchos otros a lo ancho del orbe, que sus aficiones, gustos y causas —en su caso, los derechos de los animales y el veganismo— podían redituarle para vivir a través de las vistas de sus videos y la publicidad que los acompaña. Su frustración y rabia crecieron por lo poco que recibía y la resolvió a balazos. Una aspiración acuñada apenas en este siglo, ser youtuber famoso y rico, en términos coloquiales influencer, había sido truncada por la realidad.

La plataforma para compartir videos comenzó a operar el 23 de abril de 2005. Se inauguró con “Yo en el zoo”, el video personal que subió uno de los fundadores, de su visita a la sección de elefantes en el zoológico de San Diego. La meta de YouTube consistía en que fuera fácil subir videos a la red y que de esta forma pudieran compartirse ampliamente. Un año más tarde tenía 25 millones de visitas al día. En 2018 se calcula que cada minuto se suben a la plataforma cuatrocientas horas de video: una enormidad.

AL PRINCIPIO, los videos más populares captaban situaciones cotidianas o graciosas de personas comunes. Pero en febrero de 2006, “Lazy Sunday”, un sketch del programa Saturday Night Live, resultó un cañonazo visto decenas de miles de veces, en ese entonces algo extraordinario.

Tras la experiencia de la industria musical, a la que Napster le había propinado una herida severa, la cadena NBC, propietaria de los derechos de autor del programa, no sabía bien cómo reaccionar: demandar a YouTube por infringir su propiedad intelectual o aprovechar la oportunidad para amplificar el alcance del material. Luego de vacilaciones legales optó por la segunda vía, lo cual posicionó a YouTube sobre sus competidores.

El crecimiento de YouTube le acarreó muchos problemas y grandes riquezas a los socios primarios, tres exempleados de Pay Pal —Chad Hurley, Steve Chen y Jawed Karim. La cantidad de videos que se agregaban diariamente obligaba a contratar servidores de mayor capacidad y la amenaza de demandas ruinosas estaba a la vista.

Por lo tanto, decidieron vender y el comprador, en octubre de 2006, fue Google —ahora Alphabet—, que había fracasado con su propio sitio, Google videos. La operación alcanzó la suma exorbitante de mil seiscientos millones de dólares —que a la luz de los resultados parece módica, pues el surgimiento de los teléfonos inteligentes y las tabletas aumentó el número y la ubicuidad de las pantallas en el mundo. Ya no fue necesario mantenerse en un lugar fijo para disfrutar de los videos y la marca YouTube estaba posicionada como el primer sitio en la red para buscar y ver contenidos audiovisuales.

"La plataforma comenzó a operar el 23 de abril de 2005 con  Yo en el zoo , el video personal que subió uno de los fundadores, de su visita al zoológico de San Diego".

Con los años y de forma acelerada, YouTube se volvió varias cosas simultáneamente, entre ellas el sustituto de la vanguardista MTV durante los años ochenta del viejo siglo. Los videos musicales son los líderes en visitas, "Despacito" ha rebasado los cinco mil millones de vistas. YouTube es una rocola donde se puede escuchar casi todo tipo de música; una oferta que va de lo irracional a lo explicativo; un almacén de programas, películas y documentales que antes fueron colecciones especializadas y restringidas; una televisión de alcance internacional con transmisiones en vivo; un estudio con creaciones propias mediante un servicio de paga, y también, muy importante, una plataforma que genera sus propias estrellas: los youtubers, cada uno en sus diferentes géneros.

TENEMOS LA VARIANTE más popular, la de los gamers, aficionados a los videojuegos que comentan de forma divertida mientras juegan. La mayor estrella de YouTube que no pertenece a una corporación es el sueco Felix Arvid Ulf Kjellberg, PewDiePie; en nuestro idioma están los españoles elrubiusOMG y Vegetta777, el salvadoreño Fernanfloo y en México, Hueva, que van de los cuatro a los sesenta millones de suscriptores.

Es tal la ascendencia de los gamers que ha surgido otra plataforma, Twitch, que tanto por su interactividad entre usuarios y consumidores, como por el auge de los eSports es un importante competidor por los dólares en internet ante YouTube.

Además de los gamers tenemos a los unboxers, aquellos especialistas que vuelven un arte el abrir paquetes, o los haulers que muestran lo que compraron, o aquellos que graban sus reacciones a otros videos, o los especialistas que comparten sus viajes y conocimientos. Inclusive hay sitios que critican, informan y analizan los videos producidos en la misma plataforma.

Están, por supuesto, los creadores de su propio contenido, quienes viven de subir videos a la red. Ellos serían los youtubers más específicos. Desde mayo de 2007, su desempeño es remunerado por decisión de esta empresa, que hizo atractivo especializarse en la producción de contenidos, más aún cuando la prensa comenzó a divulgar que un puñado de youtubers podían recibir cifras millonarias en dólares, simplemente por explotar sus habilidades.

Si a eso le agregamos los cambios en el mercado laboral, donde cada vez se hace más difícil conseguir trabajo constante y bien remunerado, más una sociedad que hace de la celebridad una meta que premia el sentirse especial, los aspirantes a estrellas de YouTube tuvieron el incentivo para volcar su energía en ser famosos.

Los youtubers se apoyan en un circuito del cual forman parte Facebook e Instagram, en menor grado Twitter, y al cual contribuyó la difunta Vine. Promocionan sus producciones y actividades y mantienen informados así a sus seguidores/clientes/consumidores. Es tal la presión por conseguir suscriptores que se han generado sitios semitolerados que venden visitas y crean falsos consumidores, los conocidos como bots.

YouTube aprendió una lección que impartió desde 1897 Georges Méliès en Montreuil: fundar un estudio para reunir talento y técnica en un solo sitio al servicio de la producción de imágenes, y los denominó spaces. Actualmente, estos centros que cuentan con alta tecnología se encuentran en Nueva York, Los Ángeles, Berlín, Londres, Dubai, Tokio, Sao Paulo, Mumbai y Toronto; en ellos la empresa recluta, educa y se asocia con youtubers.

EN MÉXICO, como en otras naciones subordinadas, las posibilidades creativas, de fama y de ingresos que ofrece YouTube no pasaron desapercibidas. Es un fenómeno de apropiación de tendencías culturales que se repite a lo largo de la historia: a fines del siglo XIX, un grupo de escritores y un enorme ilustrador (Julio Ruelas) adaptaron el simbolismo decadente francés, cuyas mejores demostraciones se dieron en la Revista Moderna, en particular en su primera etapa (1898-1903), dirigida por Jesús E. Valenzuela.

Asimismo, a partir de la segunda mitad de los años cincuenta del siglo XX, jóvenes y empresarios en México asimilaron el rock & roll al que Elvis Presley y Hollywood dieron notoriedad. Brotaron conjuntos como Los teen tops o Los locos del ritmo y generaciones sucesivas evolucionaron con ese estilo de vida y de música durante las décadas siguientes.

"Los youtubers resultan dependientes, por ahora, de una sola compañía que decide, basada en sus algoritmos y su rendimiento, con cuánto remunerarlos, qué censurar, a quiénes promover y a quiénes no".

No es de extrañar entonces que YouTube tuviera el mismo efecto en la generación del siglo XXI. El 27 de febrero de 2007, Gabriel Montiel Gutiérrez abre su canal en la plataforma, luego se suman sus amigos, que se conocerán como el Crew, nace entonces Werevertumorro y comienza la profesionalización de los aficionados en nuestro país. No necesitan saber escribir o cantar o tocar un instrumento: les basta con empatizar con quienes están al otro lado de la pantalla, hablarles de manera similar, comportarse como lo harían ellos y —eso sin duda — saber editar el material.

Así se produjo un cisma generacional. Si bien internet no ha desplazado a los medios audiovisuales tradicionales, sus ofertas se colocan por lo menos en una situación de igualdad o quizá superan a figuras de otros medios en importancia y reconocimiento. Si alguien no conoce el saludo: “¡Hola, guapuras! ¿Cómo están el día de hoy? Yo soy Yuya” —emitido con una voz chillona por Mariand Castrejón Castañeda, nombre de guerra: Yuya—, o no sabe quiénes son Los polinesios, es evidente que no es parte de la quinta generación formada en la era del mundo audiovisual.

La primera generación de ese tipo (1895-1920) vio el surgimiento y la expansión del cine. La segunda (1921-1945) vio la consolidación del cinematógrafo, su transformación del cine silente al sonoro y la implantación del radio como medio masivo. La tercera (1946-1970) se crió con los avances de la televisión, como el color y los satélites. La cuarta (1971-1995) es la generación en la que ya es posible acumular no sólo sonidos sino también videos. Esta quinta generación (1996- ) es la de internet y su difusión planetaria, que dispone de materiales antes inaccesibles y cuenta con una mayor libertad de expresión.

Los youtubers se han desarrollado en la nueva economía sin seguridad laboral, donde profesiones como el periodismo, las ventas, el transporte, que operaron de cierta manera durante décadas, son sacudidas por las nuevas tecnologías. En el caso concreto de los youtubers resultan dependientes, por ahora, de una sola compañía que decide, basada en sus algoritmos y su rendimiento, con cuánto remunerarlos, qué censurar, a quiénes promover y a quiénes no.

El idioma ha sido una gran ventaja para los youtubers mexicanos, que aprovechan tanto un legado cultural que va del cine de oro a las telenovelas y El chavo del ocho, como el tamaño de la economía y población para colocarse en un lugar puntero.

Es muy difícil predecir el destino de los canales que en estos momentos se ubican en el candelero en un panorama tan cambiante, pero hay al menos tres casos para seguir de cerca en los próximos dos años, antes de que lleguemos al fin de esta generación audiovisual y demos el paso a la siguiente.

El primero es Luisito comunica, un vloguero con seis años de experiencia en el medio, quien con un estilo directo y artificialmente sencillo ha conseguido 18 millones de suscriptores y ha popularizado una forma de narrar sus aventuras que es por ahora el modelo a imitar en América Latina.

El segundo es Badabun, una compañía pensada para generar contenidos específicos para el medio, que por lo mismo es objeto de una fuerte crítica.

El tercero es Alex Montiel —hermano de Werevertumorro— quien tiene una doble vertiente: es un difusor del cine comercial muy bien reporteado y actúa un personaje, El escorpión dorado, que toma muchos rasgos que dibujaron Jis y Trino en El Santos, es decir, un gandalla, irreverente y agresivo, convencido de que las reglas no se le aplican.

Los youtuberos en México ya alcanzaron su madurez. A partir de aquí será más difícil innovar y abrirse paso a los consumidores sin una estrategia de negocios. Esperemos a ver qué sucede en Estados Unidos, que permanecerá como la vanguardia en el futuro inmediato, por lo menos en la década de los veinte, para asimilar las reacciones de creadores y espectadores.

Será entonces cuando podamos recordar estos tiempos para saber si vivimos en YouTube —y por extensión, en los balbuceos de la transformación de internet, de un medio donde predominaban las palabras a uno dominado por las imágenes— como una era primitiva o una experimental y dorada. No tardaremos mucho en saberlo.