Tan sólo un placebo

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:
  • alejandro_de_la_garza

El alacrán por fin salió de su nido en lo alto del muro y su recorrido por la ciudad en transporte público lo puso filosófico y jacobino. Dos jóvenes indigentes, olorosos a solvente y orín, subieron al vagón del Metro a amenazar-solicitar-mendigar unas monedas. Como sabida coartada advirtieron de su capacidad para despojar a las personas de sus bienes, pues eran clientes frecuentes del Reclusorio; no obstante, preferían “el respeto y la fe en Dios” para afrontar su situación (así dijeron). Sus tatuajes con cristos sufrientes, los colgajos con cruces, los anudados escapularios ¿hablaban de fe?

El venenoso recordó al Fedor cuando en Los hermanos Karamazov, cuestiona: “¿Qué será del hombre sin un Dios y una vida inmortal? Si todas las cosas están permitidas, ¿ellos pueden hacer lo que quieran?”. La afamada cita se resume en el aserto: “Si Dios no existe, todo está permitido”. También Sartre y Camus parecen coincidir: sin Dios, la vida humana carecería de sentido y resultaría imposible dar razón de cualquier concepción ética o distinción entre el bien y el mal.

Pero el escorpión no se cuece al primer padrenuestro y ha visto por el mundo todo tipo de fanáticos. Desde quienes al grito de Alá Akbar se sacan del refajo un AK-47 y asesinan a mansalva o estallan como hombres bomba, hasta quienes en el nombre de Cristo persiguen, reprimen y asesinan a los diferentes. Para no ir más lejos, el arácnido recuerda a los capos del narcotráfico confesando-negociando sus crímenes con el nuncio Prigione, así como la irredenta fe en Dios de sicarios y criminales, quienes se encomiendan timoratos al creador y piden perdón de antemano para cometer luego atroces torturas, mutilaciones y homicidios. Y de la Santa Muerte mejor ni hablamos.

Por todo ello, el rastrero acude a la irreverencia cáustica de Žižek cuando invierte el postulado de Dostoyevski y crítico propone: “Si Dios existe, todo está permitido”, y justificado en su nombre, añade el artrópodo. La idea del esloveno amplía la discusión acerca de las consecuencias de la creencia en un ser superior. ¿La religión ayuda al ser humano a encontrarse consigo mismo o puede llevarlo a su destrucción?

El escorpión podría ceder a la tentación de la ortodoxia y traer a este espacio a Marx: “La religión es el opio del pueblo”, pero como no quiere ponerse pesado, mejor llama a declarar al doctor House: “La religión no es el opio del pueblo, es tan sólo un placebo”.