Un día lluvioso en Nueva York

Un día lluvioso en Nueva York
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En diciembre de 2018 leí un texto conmovedor de Elisa Martín Ortega, quien, asumiéndose como feminista, hacía una petición pública: “Por favor, quiero ver la última película de Woody Allen”. El director tenía entonces problemas financieros para concluir el proyecto a raíz de las acusaciones de Dylan Farrow por haber sido toqueteada por el director a los siete años. Pese a que dos investigaciones federales desestimaron el caso, a Allen el mundo del cine le dio la espalda. Las palabras de Elisa Martín Ortega me calaron hondo, porque yo también quería ver la última película de Woody Allen.

Finalmente, el 26 de julio de 2019 se estrenó Un día lluvioso en Nueva York (A Rainy Day in New York). Acá llegó unos meses después. Sus dos películas anteriores, Café Society y La rueda de la maravilla (Wonder Wheel), me habían dejado algo insatisfecho. Su última gran cinta había sido Jazmín azul (Blue Jasmine). Y la última aceptable Hombre irracional (Irrational Man). Algo en mi interior me decía que la más reciente no estaría a la altura de sus mejores trabajos. Pero el eterno retorno de Woody Allen es un vicio del que no me puedo abstraer. Me compré mi boleto para acudir solo a la Cineteca Nacional. A la función de las doce del mediodía.

Mi intuición no me traicionó. Un día lluvioso en Nueva York es una historia trillada dentro del universo de Allen. Con fallas estructurales. Y un sinfín de defectos. Pero la cinta me encantó. Me gustó tanto que compré un boleto para verla el día siguiente. Desde que comenzó, empecé a caer en una trampa. Y no cualquiera. Una bastante conocida. Pero a pesar de saber lo que estaba ocurriendo fui incapaz de no ser víctima del embeleso. Y así salí de la sala. Embelesado por lo que acababa de acontecer en la pantalla. Y todo el camino de regreso a casa me fue imposible borrar la sonrisa de mi rostro.

"Es una historia trillada del universo de Allen. Con defectos. Pero me encantó".

Allen tiene sus actores fetiches, pero también se inclina por elegir a estrellas del momento. Inolvidable Christina Ricci en La vida y todo lo demás (Anything Else). Para Un día lluvioso en Nueva York eligió como protagonistas a Selena Gómez y Timothée Chalamet. Sin embargo, aquí parece que más que una decisión artística, lo que Allen busca es una manera de conectar con un nuevo público. Uno más joven. Atraer a los millennials a su mundo. Una maniobra que no le podemos criticar, pero de la cual no sale bien librado.

Y es que uno de los principales problemas de Un día lluvioso en Nueva York radica en que pretende hablarle a una generación con la que ya no tiene nada en común. Su protagonista, una vez más un alter ego del propio Allen, lleva por nombre Gatsby. En homenaje a la gran novela de Fitzgerald. Este gesto posee también algo de didáctico. Muy loable también por parte del director, pero la distancia entre los que crecimos con el cine de Allen y los nacidos en los años noventa es insalvable. Por supuesto que existe gente muy joven que consume las películas del director. Pero los referentes entre Woody y el presente están cada vez más alejados. Al grado de que Un día lluvioso en Nueva York, como en su momento lo fue Medianoche en París (Midnight in Paris), puede calificarse como una embriaguez de antaño. Allen continúa emborrachándose de pasado. Una prueba más de esto es la serie que hizo para Amazon, Crisis en seis escenas (Crisis in Six Scenes), que ambientó en la década de los sesenta, protagonizada por Miley Cirus. En la que regresa otra vez a exponer los problemas sentimentales que son el sello de la casa.

Las tribulaciones del joven Gatsby se antojan irreales en la actualidad. Pese a sus debilidades, la cinta posee una cualidad que no alcanzo a asir. Las tres ocasiones que la vi (dos en el cine y una on line para escribir este texto) me quedé con la misma sensación. Cómo puede ser que una película tan mala me guste tanto. Podríamos sacar muchas lecturas de Un día lluvioso en Nueva York, pero la realidad es que se trata de pan con lo mismo. La ilusión, el romanticismo y etcétera son trucos de los que Allen ha abusado en exceso.

Es imposible deducirlo, aunque la cuarentena podría ser el último clavo del ataúd, pero quizá Un día lluvioso en Nueva York sea la despedida de Woody Allen. De ser así, sería una decente salida para una carrera tan brillante. Y como testamento, su libro de memorias, que comienza a circular en estos días. En el que Woody Allen sigue montado en la polémica al contar todos los hechos escabrosos de su biografía.