Lunes 30.11.2020 - 02:32

Veinte años de Peace Noise

Veinte años de Peace  Noise
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Patti Smith es la prueba de que un artista, en toda la extensión de la palabra, lo es desde el momento que nace hasta su muerte sin importar a qué dedique su existencia. Si Rimbaud se hubiera propuesto volver de Abisinia y tomar por asalto la literatura francesa lo habría conseguido. La prueba es el regreso de una de sus alumnas más feroces. Tras su retiro voluntario, Patti Smith regresó con Gone Again, rompiendo el silencio de ocho años de vida monacal.

En 1996 volvió con todo: con nuevo álbum y reclamando su lugar como sacerdotisa absoluta del punk y como la influyente figura que era del rock alternativo. En “E-Bow the Letter” de REM, un video que se viralizó en la MTV, Patti aparece entre sombras, extendiendo su manto sobre el fin del milenio. Los coros de la canción corren por su cuenta. Además publica su libro de poemas The Coral Sea. Era un hecho. Estaba de vuelta. Y con mucho power. Gone again es un discazo. Con músicos invitados de la talla de Tom Verlain, su eterno cómplice, y Jeff Buckley, que al año siguiente moriría y se convertiría en leyenda.

Pero el trancazo de Patti, el regreso rotundo, se presentaría en 1997 con Peace & Noise. El mejor disco de la segunda etapa de su producción. Fue un año crucial para la Generación Beat. Murieron Allen Ginsberg y William Burroughs. Muchos músicos han hecho manifiesta su admiración y la influencia que la Beat Generation ha ejercido sobre ellos, pero Patti tenía con ellos demasiadas cosas en común, además de su amistad. Los tres son escritores, recalcitrantes neoyorquinos y críticos observadores del sistema. Es evidente que Patti se sentía en deuda con Burroughs y Ginsberg. Saldar esa deuda fue el detonante de Peace & Noise.

[caption id="attachment_489764" align="alignleft" width="300"] el trancazo de Patti, el regreso rotundo, se presentaría en 1997 con Peace & Noise. El mejor disco de la segunda etapa de su producción.[/caption]

Gone again es un disco atemperado, reflexivo, en el que Patti buscaba la fuga a todas esas preguntas sin respuesta originadas por la muerte de su marido, su hermano Todd, de Robert Mappletorphe, su soul mate, y de Cobain. Eso desató en Patti la creatividad. Pero la muerte de Ginsberg y de Burroughs en lugar de conducirla por la misma senda le despertó su lado más rabioso. Peace & Noise es una elegía salvaje. El grito rabioso por tanta defenestración sentimental. Pero es también la muestra de que la muerte es el motor principal de la creación. La respuesta de Patti fue retomar el sonido furioso de sus primeros días.

El disco abre con “Waiting Underground”, una pieza lenta a lo Tom Waits. Pero apenas oímos el riff del segundo track, “Whirl Away”, la realidad cobra otra velocidad. Es la Patti más potente. Con Lenny Kane como su escudero. El más puro y alto rock & roll. Cuando escuchas esta canción no queda más que agradecer que Patti esté de retache. A partir de este punto el disco aumenta su intensidad. “1959” es un rockcito semi bailable. Es imposible no notar el cambio en la voz de Patti. Canta mejor que nunca. Y todo esto sin perder lo combativa. Algunas de las mejores letras de su trayectoria están contenidas en Peace & Noise.

En “Spell”, el siguiente track, parece que se presenta un descenso en la velocidad, pero es sólo un efecto, no existe tal. La intensidad se mantiene. Es la musicalización de “Footnote to Howl” de Ginsberg. En tres minutos con diecisiete segundos Patti se desgarra recitando todos los versos del poema con una desesperación conmovedora. Transmite el desamparo ginsbergiano y el inherente a los tiempos que se viven. Esa angustia de ver los dos miles en el horizonte con tanta muerte a cuestas.

La impronta burroughsiana en “Dead City” es palpable. La atmósfera a la que te induce produce una sensación de proximidad inigualable. Casi sientes que puedes tocar al viejo beat. Habla a través de Patti. El chillido energético que se puede aplicar a todas las ciudades contemporáneas. Esas ciudades que están muertas y nos están asesinado. La canción de protesta no está ausente. “Death Singing” es una gema. Una pieza folk punk. Tocada como sólo podría interpretarla la madrina del punk. Y tampoco falta la improvisación de tintes jazzísticos. “Memento Mori” son diez minutos treinta y cuatro segundos torrenciales vomitados en el estudio. Sin ensayo previo.

1997 fue un año de grandes discos. Ok Computer de Radiohead, Earthling de Bowie, The Boatman’s Call de Nick Cave, Blur de Blur. Pero sólo un disco de una artista de la vieja guardia alcanzó alturas notables: Peace & Noise. Veinte años después despide el aura de ser todo un clásico. C