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Fuente: U2songs.com

Desde el 13 de julio de 1986 se festeja el Día Mundial del Rock propuesto por Phil Collins para recordar el festival Live Aid como fecha simbólica. Aquel show contra el hambre en Somalia y Etiopía fue encabezado por Bob Geldof y Midge Ure. Pero la realidad no es pink como Elvis, es dark como Johnny sin Cash. Los millones de morlacos recaudados por Live Aid en Europa y Estados Unidos terminaron en las manos del dictador africano Mengistu Haile Mariam, cañonazo con el que armó a su ejército. Es la parte de la historia que se olvida para no acabar con la fiesta. 

Motivado por la hambruna africana, Geldof creó la organización Band Aid Trust para producir el megaconcierto en 1985, “el día que la música cambió al mundo”. Lo atestiguamos por televisión, realizado simultáneamente en el estadio Wembley de Londres y en el JFK de Filadelfia, ante 170 mil asistentes, un prodigio humano, musical y tecnológico de la época. Dieciséis horas de transmisión vía satélite a 150 países, durante las que participaron setenta y cinco artistas de todas la tallas, sabores y colores, para deleite de 1.5 billones de personas. La primera “juke-box global” incluyó a Status Quo, The Who, U2, David Bowie, Pretenders, Tom Petty, Neil Young, Bob Dylan y la estremecedora actuación de Queen. Con ello, Live Aid le daba un propósito al rock y al pop, efectiviewonder, con la sensación de que la música cambiaba al mundo.

Mareados de fama como andaban, nadie supo con certeza dónde quedaron los 125 millones de dólares.

Pero después de la fiesta, mareados de fama como andaban, nadie supo con certeza dónde quedaron los 125 millones de dólares. Geldof se aceleró y, desoyendo las voces de prevención, entre ellas de Médicos Sin Fronteras, le entregó su cheque al presidente del Consejo Militar Provisional de Etiopía, Mengistu Haile Miriam. Entre 1977 y 1991, Haile fue apoyado por soviéticos y cubanos para imponer por las armas un gobierno comunista. En 1986 la revista Spin publicó el reportaje en el que documentó cómo el dinero recaudado en Live Aid equipó a su ejército con armas rusas. Geldof descalificó todo sin aclarar el asunto y siguió organizando festivales como Live 8 en 2005. Un activista de sí mismo.

Claro que el rock no tuvo la culpa, cantaría Miguel Ríos. Perdí el interés en los días mundiales de lo que sea desde que se convirtieron en sinónimo de oportunismo comercial y oficial, fechas para neutralizar y asimilar las causas incómodas. El rock no lo es, por eso me parece ñoño celebrar un día mundial. ¿Cómo no se le iba a ocurrir a Collins, si él aparece dos veces en Europa y América? Pura publicidad para protagonistas del altruismo.

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