El escritor fantasma

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Nadie sospechaba que el responsable de True Detective era un autor con dos obras publicadas y no sólo un escritor de Hollywood. Pero es incuestionable que sin la existencia de la serie Nic Pizzolatto jamás habría sido traducido a nuestro idioma. Sus credenciales, calificado por la revista Poets & Writers como uno de los cinco mejores nuevos autores de ficción del año y ser postulado al Frank O’Connor International Short Story Award, no se reflejan en el contenido de su debut, La profundidad del mar amarillo. Una colección de cuentos no policiacos publicada en Black Salamandra (2015). Se trata de una minucia si se quiere, pero la suma de malentendidos le restan credibilidad a la propuesta. En conclusión: qué otra cosa podría hacer la editorial. De acuerdo, una obra no es valiosa por la colección en la cual aparece. Pero es un embuste. Si un fan de la literatura policiaca adquiere La profundidad del mar amarillo se sentirá defraudado.

Un problema con La profundidad del mar amarillo es que todas las historias ya nos las han contado antes. Y de mejor manera. Se extraña la originalidad que caracteriza a la primera temporada de True Detective. Pareciera que existieran tres Pizzolatto. Quizá el cuento que más se acerca a True Detective sea el de “Pájaro fantasma”, que abre la colección. Narra la historia del cuidador de un parque quien por la noche se lanza desde una torre al vacío. Alimentando el mito del pájaro fantasma: el espíritu indio del trueno. Que se enreda sentimentalmente con una aprendiz de voladora. Mientras lidia con un padre internado en un hospital psiquiátrico. El protagonista se aleja de la aprendiza porque reprueba sus deseos de imitarlo. Para al final continuar engordando su leyenda. Con un antidesenlace tan cursi que sabotea la atmosfera medio sobrenatural conseguida durante la narración.

“La vigilia de Amy” trata sobre una mujer que se embaraza del novio de su hermana, para al final decidir que tendrá el hijo sola. “1987, en las carreras”, es la historia de un hijo que le da la espalda a su hijo una tarde en el hipódromo. “Dos orillas” es acerca de un hombre que desea descubrir si el hijo que llevaba una mujer en el vientre cuando fue asesinada era suyo. “La profundidad del mar amarillo” es la historia más atractiva del libro. Un entrenador de futbol va a Los Ángeles a rescatar a su hija de su profesión de actriz porno, acompañado por uno de sus estudiantes. “El gremio de ladrones, mujeres extraviadas y sunrise palms” es la historia de dos ladrones de poca monta, de los cuales uno recibe una paliza.

“La plantilla” es el tormento de una madre a la que el hijo se le va de casa y trata de encontrarlo grafiteando con una plantilla que encuentra en su habitación. “Tierra acosada” resume el encuentro entre dos adolescentes que tienen sexo en una ciudad donde supuestamente se aparecen ovnis. Este ejemplifica mejor que ninguno las limitaciones de Pizzolatto. Concluye cuando el padre del chico (que cree en extraterrestres) se mira fijamente con su hijo (no creyente), pero sin evidenciar ningún conflicto entre ambos. Lo cual le resta toda la carga simbólica que este acto podría tender dentro de la trama. “Nepal”, más que un cuento es una novela corta. La de un vidriero que realiza un vitral en un castillo. Tan fuera de su temas, que surge un cuarto Pizzolatto, más cercano a Borges.

Las deficiencias de Pizzolatto hacen que conforme se avanza en los relatos la decepción del lector vaya en aumento. Sus tramas carecen de conflicto, en ocasiones de sentido. Impera la sensación de que se trata de pasajes de algo más. Se sospecha que la intención original de los textos no era el género del cuento. Parece que Pizzolatto inició novelas a destajo y las dejó inconclusas. Y las reunió todas en un volumen. Para convertir su libro en el modelo de cómo no se debe escribir cuentos. No existe ninguno que como mínimo esté redondeado. Existe cierta profundidad, a la que hace alusión el título, lo que sucede en el mar amarillo del día. Pero en esa profundidad prevalece el desconcierto. Los cuentos de Pizzolatto son confusos. No conducen al vacío que pretenden retratar. Es como si el escritor no estuviera ahí. Confía ciegamente en el estilo y se olvida de las estructuras. Pero su estilo no sostiene su empresa narra.

Nic Pizzolatto es un escritor fantasma. Aunque ambienta sus historias en el sur de Estados Unidos, es difícil identificar la huella de otros autores en él, aunque se esfuercen por compararlo con algún grande. Pizzolatto es creador de series, pero no un narrador.

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