El gobierno de “los tráileres con cadáveres”

¿Cómo fue que se permitió la salida de los cuerpos del Instituto de Ciencias Forenses? Nadie lo sabe. No se tiene registro del documento oficial para saber quién solicitó dicha acción. Nadie sabe nada

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Un olor fétido inundó el aire de la comunidad. Los vecinos levantaron las alarmas y quienes estuvieron cerca aseguran que huellas de sangre manchaban la caja del tráiler abandonado en un terreno baldío. El hallazgo fue aterrador.

Esta semana el estado de Jalisco nos regaló una de las historias más espeluznantes, donde no fue difícil pensar que el horror hubiera tocado su nivel más profundo. Pero resultó que no, todavía había más abajo…

Como película de terror comenzó la historia del hoy tristemente célebre “tráiler de la muerte”, en el municipio de Tlajomulco de Zúñiga, mismo lugar donde también esta semana fue asesinado un comandante de la policía en su casa, y no muy lejos de ahí, ocho jóvenes fueron secuestrados, torturados, y uno de ellos muerto a causa de las lesiones.

Quién lo dijera, Jalisco tan bonito, tan tradicional y tan asesino…

Más de dos centenares de cuerpos permanecían descomponiéndose al interior de una cámara fría móvil que deambulaba por donde nadie quisiera acercarse a ellos, como en los más tétricos pasajes de la Europa medieval cuando era azotada por
la fiebre bubónica.

Pero es Jalisco en el siglo XXI, azotado por la incompetencia, indolencia, omisión, y mentiras de un gobierno que por lo visto nunca está “enterado de nada”.

¿Cómo fue que se permitió la salida de los cuerpos del Instituto de Ciencias Forenses? Nadie lo sabe. No se tiene registro del documento oficial para saber quién solicitó dicha acción. Nadie sabe nada.

Las versiones se contradicen. Ahora resulta que nadie pensó nunca en “deshacerse” de los cuerpos. Entonces ¿cómo es que acabaron apilados en la caja de un tráiler que los llevaría por tan espeluznante
recorrido de municipios?

El Nuevo Sistema de Justicia Penal trajo consigo modificaciones al Código Nacional de Procedimientos, que no permite incinerar cuerpos que están relacionados con algún delito.

Esto con el fin de combatir el nivel de impunidad en los casos de homicidios, que supera el 90 por ciento. Pero la autoridad, así como no ha encontrado espacio para resguardar los cuerpos, tampoco ha encontrado la competencia para
resolver los crímenes.

Y en el caso que nos ocupa es aún peor, ya que la mayoría de los cadáveres en cuestión, carecen de una identificación.

Antes de que las nuevas leyes entraran en vigor, entre 1997 y 2015, el Instituto Jaliscience de Ciencias Forenses habría incinerado más de dos mil 700 cadáveres, y poco más de 500 de ellos, entre 2013 y 2015.

Hoy, sin un sistema de justicia capaz de resolver los crímenes, una nueva ley que no permite la cremación y sin las condiciones necesarias para resguardar cuerpos, el gobierno de Aristóteles Sandoval quedó exhibido de la peor manera posible.

El artículo 64 de la Ley General de Salud señala que los cadáveres que por alguna razón específica vayan a permanecer sin inhumarse o incinerarse, deben conservarse con técnicas especializadas que sólo pueden realizar médicos con un título, técnicos o auxiliares certificados y personas expresamente acreditadas por la Secretaría de Salud.

Imagen de uno de los vehículos en los que se encontraban los restos.

Algo que claramente no ocurre dentro de la caja de un tráiler abandonado en cualquier paraje.

La ley también establece que los cadáveres que son inhumados, deben permanecer por un espacio de tiempo determinado:

“I.- Seis años los de las personas mayores de quince años de edad al momento de su fallecimiento, y II.- Cinco años los de las personas menores de quince años de edad al momento de su fallecimiento. Transcurridos los anteriores plazos, los restos serán considerados como áridos”.

El 2017 fue uno de los años más violentos de los que tenga registro el estado de Jalisco, con cerca de mil 400 homicidios dolosos, que representan la cifra más alta desde 1997.

La corrupción e ineptitud de las autoridades en aquella entidad no desahoga los crímenes, ni hace una correcta identificación de las víctimas.

Así, los cuerpos se les van acumulando y al no poder cremarlos como antes, los suben a un tráiler y los dejan “rodar” con esa indignidad que nadie merece.

Así se ve el embudo en el que está metido el gobierno de Aristóteles Sandoval, al que por cierto le quedan menos de dos meses de vida, y de tiempo, para enfrentar este capítulo que ya dejó marcada su administración, como el gobierno de los tráileres con cadáveres…

Mónica Garza
Mónica Garza

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