El Gran Líder y Cristiano en soledad

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La presentación de Brasil en la Copa del Mundo ha sido un fiasco. Dunga ha logrado lo inaudito: un equipo brasileño sin abismo ni aventura. Durante el primer tiempo del juego contra Corea del Norte aquello fue un peloteo infame en el cual Kaká falló todo, Maicon y Bastos se tropezaron hasta con la línea de banda y Melo mandó la pelota a las gradas. Un solo brasileño en la cancha: Robinho. Cuentan que el fantasma de Ronaldinho se le apareció a Dunga en la zona técnica para recordarle que es un demente y que su castigo será simple: cada partido que Brasil juegue en Sudáfrica, Dunga extrañará más y más a Ronaldinho, hasta que la melancolía lo someta y lo lleve al ostracismo. Brasil tendrá que mejorar todo si pretende avanzar en el torneo.

Los norcoreanos se cuecen aparte. Más que un equipo de futbol, estos jóvenes se comportan como una oncena condenada a muerte. Chong Da-se, estrella de la selección, lloró sin consuelo durante la ceremonia de los himnos. Le apodan cabeza de bellota a este desconsolado futbolista. El País informa que el entrenador norcoreano Kim Yong-hun aceptó responder las preguntas de la prensa siempre y cuando fueran preguntas deportivas: “si somos fuertes ganaremos y le brindaremos una gran felicidad a nuestro líder. El pueblo de Corea con su poderosa mentalidad es nuestro fundamento”. El entrenador se refería desde luego a Kim Yong-il, presidente de la República Democrática del Pueblo de Corea, hijo de Kim Il-sung, presidente a perpetuidad de Corea del Norte. Cada año, Corea del Norte conmemora la muerte del Gran Líder con una manifestación de plañideras que lloran durante diez días. Para no dejar nada al azar o a la tentación, un grupo de comisarios políticos vigila a los jugadores norcoreanos y graba todo lo que ocurre en el hotel en donde se hospedan.

Cuando empezó el segundo tiempo, Maicon recordó que la banda es un corredor de peligro y anotó un gol de dinamita. Tiempo después, Robinho le puso medio gol a Elano y todos respiraron en Brasil. Quizá nunca se había visto a un equipo brasileño que dependiera de dos laterales para avanzar y crear jugadas de gol. La influencia de Kim Il-sung es mucho más poderosa de lo que suponemos: minutos antes de que terminara el partido, un norcoreano insoportable anotó un gol estilo brasileño. Dos a uno favor Brasil, quién lo diría. Quizá el Gran Líder le perdone la vida al anotador del gol. Por cierto, en Corea del Norte nadie verá los juegos de Corea.

Horas antes de que el espíritu del Gran Líder se apoderara del estadio de Johannesburgo, el asunto era saber si Portugal era el ejército de un solo hombre llamado Cristiano Ronaldo. En el minuto tres lo habían derribado dos veces y estrellado una espinillera construida en los altos hornos de Lisboa. En el minuto diez, Ronaldo disparó un cañonazo al poste ante la mirada azorada de los africanos. Por algo esas piernas valen más de mil millones de pesos.
Sven Göran Eriksson les ordenó a sus jugadores que resistieran al fondo: nosotros atrás aunque nos acusen de politeístas. Ese fue el candado que trataron de abrir Deco, Danny, Liedson y Ronaldo. Fracasaron con rotundidad.

Costa de Marfil no es cualquier cosa, oigan esto: Feita (Galastasaray), Eboué (Arsenal), Koné (Inter), Kolo Touré (Manchester City), Kalou (Chelsea), Touré Yayá (Barcelona). La potencia de estos jugadores movería un boeing, en su fortaleza reside su mayor debilidad. Pero Eriksson puso tres líneas defensivas comandadas ni más ni menos que por Drogba. Así destruyeron los africanos la escasa creatividad portuguesa y sellaron un empate infame cuyo destino inmediato será el olvido.

rafaelperezgay@gmail.com

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