El lenguaje en las campañas electorales

HOY Y MAÑANA EN AMÉRICA DEL NORTE

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En su libro Memorias interrumpidas, el expresidente Francois Mitterrand expresó con una retórica muy poderosa su concepción de la política, de Francia y del mundo. Un lenguaje rico y amplio pero no pedante. Emotivo pero sin cursilería. Un estilo discursivo propio, que se siente natural en el personaje.

Mitterrand, intelectual de peso completo y lector voraz, no alude a conceptos filosóficos ni cuestiones técnicas, sino a la resolución de problemas de la vida cotidiana para los ciudadanos de su país. Un equilibrio bien logrado entre la seriedad y solemnidad francesa, con propuestas concretas y clarísimas para el quehacer gubernamental.
Las campañas electorales mexicanas están utilizando un lenguaje desconcertante. Yo soy un individuo muy mal hablado, de modo que no me siento autorizado a descalificar moralmente el uso de vocablos altisonantes, pero procuro no utilizarlos en público. Esperaría lo mismo de los candidatos presidenciales.

Desde los dobles discursos y contradicciones del equipo de campaña de López Obrador en torno a las reformas estructurales, hasta el “hijos de puta” que soltó Fernández de Cevallos. Se echa de menos un gran discurso a la manera de los buenos oradores de otra época. Tal parece que poco interesa pronunciar una pieza retórica bien estructurada, descriptiva del México que merecen las nuevas generaciones. No es suficiente decir que queremos un México “chingón”.

Hace falta un discurso que conecte las luchas históricas del pueblo mexicano con sus anhelos del presente, para construir las metas del futuro. Un discurso que hable de las necesidades de las amas de casa, los estudiantes, los obreros, los pequeños burócratas, los profesionistas en las ciudades del interior de la República. Algo más representativo de los intereses de los albañiles, taqueros, plomeros, bomberos, doctores, transportistas. No lo veo. ¿Y cuál es el elemento que une a todos estos grupos sociales? La aspiración de recibir mejores servicios públicos.

Oigo propuestas para eliminar completa y mágicamente la corrupción. Otras para hacer de México una potencia. Una, bastante insólita, para garantizar un ingreso universal sin trabajar. Ninguna para garantizarme que el agua de los grifos será realmente potable y podré beberla sin temor a intoxicarme. Ninguna para comprometer un transporte público nacional puntual, limpio y seguro. Nada sobre hospitales públicos del IMSS donde no falten medicinas, como ocurre con frecuencia, o para reducir la incidencia de ciertas enfermedades entre la población infantil y de la tercera edad. Nada sobre calles donde las mujeres mexicanas puedan circular en las noches sin temor. Nadie está hablando de las carreteras libres de cuota y cómo hacerlas más seguras o garantizar que estén adecuadamente pavimentadas.

Me pregunto cuánto bajaría el porcentaje de votantes indecisos, si algún candidato hablara de estos temas.

Raudel Ávila
Raudel Ávila

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