El martirio de los colosos

ARQUETIPO FUTBOL

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La temporada de huracanes en nuestro territorio siempre suele tener afectaciones en todo el país. Desde el Pacifico, hasta el Golfo de México y el Mar Caribe, el poder de la naturaleza a veces muestra demasiado el músculo. Afortunadamente, hasta el momento, los daños colaterales han sido únicamente inundaciones no tan severas. Y como es evidente, la Liga MX también está salpicada de estos fenómenos naturales.

La mayor parte de los estadios de la Liga han tenido duelos bajo la lluvia o con campos ya afectados por los aguaceros; en Morelia, Puebla, Guadalajara y la Ciudad de México, por citar algunas sedes, las alfombras verdes se deterioran poco a poco con el paso del agua y el tiempo.

Sin duda, el caso que ahorita roba cámaras es el césped del Estadio Azteca; el inmueble casa de América y Cruz Azul, y referente a nivel mundial de nuestro futbol, ha sufrido con el nuevo pasto híbrido que se le plantó en julio pasado y que los encargados del Azteca presumieron como “lo último en tecnología”. Este nuevo césped está compuesto por una mezcla de pasto natural y artificial, de tal manera que haría más resistente la grama del coloso de Santa Úrsula.

Pero el uso continuo de la cancha, junto con las lluvias que han azotado a la Ciudad de México, no ha permitido que el campo logre adaptarse y brinde sus mejores beneficios; por el contrario, cada semana se ve más afectado. Incluso se filtró información de que se buscaría una mudanza temporal de ambos clubes para darle así respiro al terreno de juego; pero Peláez y Baños desmintieron pronto la versión; eso sí, las que sí se mudarán son las jugadoras de América femenil, con la intención de reducir la carga en el Azteca.

El histórico Olímpico Universitario, también se ha visto afectado por las lluvias, pero contrario al Azteca, el césped lució mejor drenaje y buena resistencia durante el juego entre Pumas y Tuzos, que se disputó los 90 minutos bajo una intensa lluvia; además de un tremendo aguacero previo que hizo dudar a los aficionados de una posible suspensión.

Vale la pena destacar el gesto de la directiva auriazul, que permitió a los asistentes de la planta baja ocupar la zona de palcos sin costo extra, ya que en las gradas se observaron muchas familias que padecían con la lluvia y frío; es lo menos que podían ofrecerles a sus fieles seguidores, que aguantaron estoicamente un partido que resultó de lo más aburrido de la jornada. Ese es el precio que debe pagar la afición universitaria por mantenerse en el único estadio en México que es Patrimonio Cultural de la Humanidad, pero que, en su cotidiano resulta ya un poco arcaico.

Eso sí, ni la modernidad pudo salvar a los estadios de Monterrey y Chivas; inmuebles de última generación que también han sufrido por la fuerza de la naturaleza. Ni hablar, mientras construimos estadios con techos retráctiles en unos 80 años, como los que están en proceso de construcción en Catar, no nos queda otra más que aguantar con “valor mexicano” lluvia, sol o cualquier clima extremo que vivimos en nuestro exótico y maravilloso país.

Daniel Alonso
Daniel Alonso

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