El nuevo sultán

VOCES DE LEVANTE Y OCCIDENTE

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Mucho se ha hablado del regreso del autoritarismo en los últimos dos años. Personajes como Donald Trump o Victor Orbán se han vuelto referencia para señalar nuevos peligros alrededor del mundo. Sin embargo, Trump y Orbán son unos novatos, comparados con Recep Erdogan, quien el domingo pasado se convirtió, de nuevo, en el presidente de Turquía.

A diferencia de Trump u Orbán, el ascenso de Erdogan fue paulatino. Durante sus primeros mandatos, Erdogan se atuvo a las reglas del juego democrático; y no fue sino en los últimos cinco años, tal vez inspirado por el triunfo de otros movimientos de corte similar, que Erdogan se dedicó a debilitar las instituciones democráticas turcas para consolidarse en el poder.

Después de un fallido golpe de Estado en 2016, Erdogan emprendió una lucha sin precedentes en contra de sus rivales: el ejército, la izquierda, los kurdos, los medios, las cortes. Nadie escapó. El año pasado, Erdogan, aprovechando la debilidad de la oposición ante la represión, salió a las urnas para aprobar un referendo constitucional que le da al presidente turco (que hasta ese momento era un sistema parlamentario) poderes sin precedentes.

Bajo la nueva ley, el presidente puede disolver al Parlamento, nominar ministros, emitir decretos y establecer estados de sitio. El último examen que le quedaba a Erdogan era ganar en las elecciones del domingo pasado y convertirse en el presidente electo (cargo que podrá ocupar hasta 2028 es decir, que podrá llegar a estar, de facto, 25 años en el poder).

A pesar de haber reprimido a la oposición por años, la campaña no fue fácil. En primer lugar, por una crisis de la lira turca, que señala las primeras fallas de una economía que en los años de Erdogan no había dejado de crecer; en segundo lugar gracias a una buena campaña del partido de izquierda y de la oposición de derecha. A pesar de enfrentarse a un rival con todo el poder del Estado quien, entre otras cosas, ha apresado a periodistas y profesores opositores a su régimen, la oposición aumentó su presencia en el Parlamento y estuvo cerca de forzar a Erdogan a una segunda vuelta en la elección presidencial. Sin embargo, a pesar de que la democracia turca probara así que aún ante la peor embestida del autoritarismo sigue viva, lo cierto es que Erdogan se ha salido con la suya.

Ahora, con casi todo el poder en sus manos, Erdogan se ha convertido en el único responsable de Turquía, quien enfrenta varias de las crisis más importantes de las últimas décadas (la crisis de refugiados, el terrorismo radical, el peligro de secesión) y todo esto bajo la amenaza de una recesión económica. Hasta el momento, todo le ha salido al nuevo sultán; sin embargo vienen tiempos difíciles, y la oposición comienza a levantarse de las cenizas con base en instituciones democráticas que, aunque debilitadas, aún siguen en pie.

Gabriel Morales Sod

Gabriel Morales Sod

Gabriel Morales Sod es licenciado en Relaciones Internacionales por El Colegio de México y candidato a doctor en Sociología por la Universidad de Nueva York. Escribe sobre Medio Oriente, política estadounidense y política internacional.
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