El padre legítimo del rock dejó un último disco después de 38 años

El rock and roll perdió a su padre legítimo, Chuck Berry, quien sobrevivía tocando en bares nostálgicos de su natal St. Louis Missouri desde los años 80. Justo en octubre de 2016 se había anunciado su regreso con la grabación, después de 38 años, de un nuevo disco que se llamaría simplemente Chuck y en el que participaron sus hijos.

“La banda St. Louis, o como papá nos llamaba la banda Blueberry Hill, ha seguido sus pasos”. Las canciones van desde roqueros duros hasta enternecedoras cápsulas del tiempo, adelantaron sus vástagos. Berry dedicó el álbum a su mujer de 68 años, Themetta. “Mi querida. Me hago viejo. He trabajado en este disco desde hace mucho ¡Ahora puedo colgar las botas!”, consignó en un comunicado.

Su leyenda acabó como mandan los cánones del rock and roll: con excentricidad y autenticidad. El sábado pasado, el hombre que contribuyó a definir las reglas esenciales del mayor movimiento cultural del siglo XX, fue descubierto por la policía de Saint Charles, en Missouri, tirado en una habitación de una casa poco espectacular. No fue la forma más glamorosa de marcharse, pero en realidad fue puro Berry hasta el final.

Nacido el 18 de octubre de 1926 en St. Louis, aprendió a tocar la guitarra con un manual de acordes. Blues, swing, jazz y country fueron sus primeras influencias. De carácter indómito, a principios de 1953 entró en el Sir John Trio, formado por el pianista Johnnie Johnson. Su impacto fue tal que el grupo sería rebautizado como Chuck Berry combo.

En 1955, grabó Maybellene, canción con la que vendió un millón de copias y alcanzó el número uno de las listas de blues y el cinco en las de pop. Todo lo que es el rock estaba ahí, incluido el frenético riff que Berry extraía de su guitarra.

Llegaron Too much monkey business, Roll over Beethoven o School Days, After Scholl Session, su primer álbum. De ahí a las giras con Buddy Holly, Everly Brothers y The Drifters. Siguieron exitazos como Sweet little sixteen o Johnny B. Goode. La gente se moría cuando ejecutaba el popular baile del pato, con el que recorría el escenario de lado a lado. Una imagen icónica. La invasión británica de los Beatles lo reivindicó como el gran pionero.