El PAN: Padre de la democracia en México

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Marko Cortés


En estos días de septiembre todos los panistas estamos orgullosamente celebrando el 75 Aniversario de la fundación de Acción Nacional. Fue entre el 14 y el 16 de septiembre de 1939 cuando se llevó a cabo la Asamblea Constituyente que dio nacimiento a este titánico proyecto democratizador, sin el cual el presente mexicano no podría entenderse cabalmente.

Al contrario de algunas opiniones aisladas y hasta cierto punto injustas —o incluso malintencionadas—, que descalifican el esfuerzo de centenas de miles de militantes y simpatizantes por la actuación errática de unos pocos, el PAN ha sido la institución que, a nivel histórico, nos atrevernos a afirmar, más ha aportado al desarrollo y empoderamiento ciudadano y democrático de México, durante el siglo XX y lo que va del XXI.

Acción Nacional es una institución sólida en sus convicciones, desde sus inicios gloriosos en 1939, y sus conocidos ilustres fundadores —Manuel Gómez Morin a la cabeza, pero sin pasar por alto las valiosas contribuciones de Efraín González Luna, Rafael Preciado Hernández y Aquiles Elorduy, entre otros renombrados panistas más—, siempre han simbolizado la lucha ciudadana contra un Estado alejado de la población, contra las injusticias y desigualdades sociales, contra todo abuso y exceso del poder, y representado una firme oposición a las tiranías y cacicazgos y a toda suerte de autoritarismo político en cualquiera de los tres niveles de gobierno.

No obstante, si por un lado el PAN supo ser un activo y valiente contrapeso a los regímenes presidenciales autoritarios del PRI, y plantó rostro en toda circunstancia adversa, generando con ello el nacimiento de la ciudadanía —una ciudadanía despierta y participativa—, con la otra mano supo también proponer e impulsar como sujeto de la historia y del devenir nacional no a “las masas”, ni al Estado abstracto, sino al ciudadano.

El PAN puso centro de la discusión social y de la vida política a la persona humana, vista desde la óptica de su dignidad, abarcando las libertades fundamentales, de expresión, de manifestación, de asociación, como asimismo el crecimiento de la economía familiar.

Dicho de otra manera, el PAN ha sido el verdadero padre de la democracia en este país. Tras el proceso de la Revolución de principios del siglo pasado, el surgimiento de la participación ciudadana para democratizar las instituciones y las relaciones que las rigen, ha sido en gran parte diseñado y puesto en práctica desde las filas de nuestro partido.

El PAN es el partido de los ciudadanos, de las familias, el mejor partido de todos en México, el más cercano al sentir de la gente, más allá (y en contraste) del dogmatismo revolucionario de otras expresiones partidarias, o de algunas recalcitrantes doctrinas de izquierda. La vocación panista por privilegiar el diálogo —es decir: encontrarnos o reencontrarnos, conocernos, reconocernos, escucharnos, y finalmente acordar—, como principal instrumento de acción política, nos ha caracterizado a lo largo de 75 años, y hoy en día nadie puede negar que seguimos alimentando este camino democrático de entendimiento y de desarrollo, que nutre al bien común.

Prueba de esta disposición al diálogo y al acuerdo en beneficio del país es que el presidente nacional del CEN, Gustavo Madero, supo anteponer el bien común de la sociedad mexicana, al impulsar el Pacto por México, en el que pudimos como partido al final del día, desahogar una agenda histórica en materia de democracia política, de economía, comunicaciones y de educación, cuyos beneficios serán reflejados de forma directa en la vida de los ciudadanos.

Y esto, hecho mientras ya no somos gobierno, con generosidad y visión humanista, ya que el PRI bloqueó todo avance cuando fue oposición, durante los sexenios que el PAN gobernó al país. En términos realistas, los panistas en general, salvo acaso contadas excepciones, no nos hemos alejado de aquellos principios que enarbolamos en 1939. Nuestros conceptos ideológicos humanistas, de centro, laicos, liberales y transformadores, como nuestra práctica política, siguen siendo orientados por los descritos hace 75 años.

Lo que pensamos en Acción Nacional sobre temas eje como nación, persona, Estado, orden, libertad, enseñanza, trabajo, economía, derecho y política (entre otros), se ha adaptado a los tiempos actuales —obligación necesaria de actuación eficaz—, pero conservando siempre la lectura en clave panista.

Sin pecar por falta de autocrítica, el PAN hoy en día tiene tareas pendientes, asuntos que corregir o mejorar, sin duda, pero en honor a la verdad y a la justicia, también tenemos que encontrar en esta celebración de nuestro 75 aniversario, la ocasión de continuar la lucha, de avanzar en la brega de eternidad, y de retomar las características más panistas que nos han conducido a ser reconocidos por los ciudadanos como sus mejores representantes.

Y uno de los métodos ya ha sido resumido bajo las “tres s”: “suela” para caminar las calles, para recorrerlas y entrar en contacto con las familias, entenderlas y apoyarlas; “sudor”, para no cansarnos y seguir luchando, haciéndonos dignos representantes de la gente, representantes auténticos y legítimos; y “saliva”, para hablar y convencer con argumentos, con razones, con la verdad, a los mexicanos, a nuestros vecinos.

Así, amigos panistas, permitamos que este 75 aniversario de la institución que amamos, sea una oportunidad de estrechar nuestros lazos, de unirnos, de apegarnos a nuestra doctrina y a la ética política de nuestros fundadores, misma que nos ha llenado siempre de orgullo y que sigue siendo fuente de inspiración. Un abrazo y muchas felicidades a todos.

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