El PRI, un futuro que ahora sí ya no se ve

QUEBRADERO

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El tricolor se está volviendo intrascendente. La designación de su presidenta ha pasado a segundo plano, cuando no hace mucho tiempo era tema central.

Si Claudia Ruiz Massieu termina por ser su presidenta o no es secundario. El PRI está entrando en los terrenos de lo que fue, más de lo que puede eventualmente volver a ser. Su futuro está más en que quienes gobiernan se equivoquen y se desgasten de manera dramática, lo cual no se vislumbra, más que en lo que se puede reconstruir al interior del partido.

Es probable que en el PRI no se haya tomado conciencia plena del porqué ganó en el 2012, del porqué regresó a Los Pinos. El desgaste panista junto con un candidato mediático, que se la pasó en promocionales por televisión en Televisa por lo menos durante cuatro años, lo colocó en una posición envidiable, la cual vimos al paso de los años cómo se encargaron de diluir con una rapidez asombrosa.

Recordemos que la ventaja de Peña Nieto en el 2012 se fue recortando, si no para perder, sí como un síntoma. Se empezaron a diluir los temores de los votantes hacia López Obrador que tanto se habían alimentado en el 2006. El tabasqueño es un “peligro para México” repetía, junto con otros panistas, quien va a ser el próximo director del IMSS.

El PRI no hizo una reflexión profunda de carácter ideológico, estratégico y político de los escenarios en que se encontraba. No vio el paulatino desgaste entre los ciudadanos. La luna de miel con Peña Nieto duró muy poco, a lo que se sumó un marcado deterioro derivado de los hechos de corrupción, ante los cuales nunca se dio una respuesta clara y convincente, junto con el desaseo en el ejercicio del poder.

Quizá no vamos a saber si las reformas, la gran cara del sexenio de Peña Nieto, tienen un valor real. López Obrador va a derogar algunas de ellas y ha cuestionado otras. Es muy probable que a partir de que el Presidente electo tome el poder, el clima entre los que llegan y se van pase de terso a tenso.

El PRI se ve muy lejos de revivir. Se ve descompuesto y hasta perdido. Ni uno solo de los llamados distinguidos priistas da la cara. No han hablado Carlos Salinas ni Ernesto Zedillo ni el propio Peña Nieto, a lo que se suma el silencio, o los escasos comentarios de autocrítica, de los llamados “hombres y mujeres fuertes del partido”. Se ha dicho poco y se ha asumido la derrota.

No hay manera de que regrese el PRI al poder si no hay un cambio estructural y, como se vislumbra la vida del país, puede ser que ni así. Estamos entrando en una etapa en que las reglas, el fondo y las formas, se presume, van a ser otras.

Visto a la distancia, el triunfo tricolor en el 2012 tuvo la dualidad a la que hacíamos referencia. Por un lado, el desgaste y por el otro, las circunstancias que materialmente lo llevaron a la victoria terminaron por encontrarse con el triunfo.

Lo paradójico de lo que vive el PRI es que quizá una de las formas en que pueda sobrevivir es que termine como apéndice de Morena. Dicho como una definición, el partido de López Obrador tiene mucho del PRI de los sesenta y setenta. Los priistas pueden terminar en Morena; algunos ya andan por ahí.

Al tricolor se le ha cerrado el futuro porque se regodeó con un presente precario y confuso. Su problema es lo que hizo, pero también está en lo que en el poder provocó en la vida y ánimo de la sociedad mexicana.

Por lo que hoy se ve, no hay forma alguna de que regrese. Va a vivir, como lo hemos venido diciendo, su dosis de nueva terca realidad a partir de la instalación del Congreso.

Lo atrapó el presente y el futuro ya no es de él. Parece que Morena y sus muy singulares alianzas se van quedar un buen rato.

El PRI va a ser sólo un espectador con el riesgo de perder su boleto.

RESQUICIOS.

Hay que ahorrar, pero la concentración de la información y solicitudes de entrevista en la Presidencia esperemos que no terminen en lo que “diga mi dedito”.

Javier Solórzano Zinser
Javier Solórzano Zinser

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