El Retorno del Cassette

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Por Rogelio Garza
El cassette marcó el momento en que la cultura del consumidor cambió. Ahora el escucha tenía control sobre lo que escuchaba.

Matias Viegener

LADO A

Play all vintage tape
En la época musical de Spotify regresamos al pasado en busca de consuelo análogo, mecánico y manual. Es el viaje de la nostalgia, el sentimiento que los rescatistas de la cinta magnética y el sonido lo-fi señalan como el causante de que el cassette esté de vuelta. Me sucede mientras capturo estas notas ante la colección de cassettes que instalé en el departamento hace cinco años. El “Tócame fuerte”, un tape que le grabé a una novia del siglo pasado, suena en la radiograbadora portátil. Eran nueve cajas de archivo muerto repletas de cassettes que rescaté de la casa materna. Había unos doscientos intocables, la humedad estropeó las cintas. A los otros doscientos que suenan les armé un altar en la sala, compré un mueble y nos prestaron la radiograbadora. Escucharlos se convirtió en un ritual de placer sonoro. Mis sábados de oldies but goodies. No he podido tirar tanta música de mis vidas pasadas conectada a tantos procesos neuronales que disparan las endorfinas en el cerebro. Los recuerdos auditivos con gis son como fuegos artificiales en la cabeza. Emociona como aquellas primeras veces que escuché y grabé esta música. Pero nunca pensé en otros nostálgicos, mucho menos que el cassette iba a hacer tanto ruido un lustro después. Hasta que encontré una comunidad en Facebook llamada Solo Tapes. En 2015 apareció Is Everything, el tributo al grupo mexicano Size, en cd, vinil y cassette, lo cual fue una estupenda idea porque así los escuchamos en los ochenta. En menos de un año empezaron a circular cassettes de Los Brujos, Yo Maté a tu Perro y Los Honey Rockets.

EL ALMA DEL CASSETTE

Varios personajes ilustres y empresas electrónicas le dieron vida a la pequeña caja de sonido. Se merecen una ovación el danés Valdemar Poulsen, Don Telegráfono, el primero que grabó sonido y voz en una máquina con un alambre magnético en 1898. Y Fritz Pfleumer, quien inventó la cinta magnética al cubrir una tira de papel con óxido de hierro en 1927. Ambos inventos procrearon el magnetófono en la compañía German General Electric, una grabadora gigante de carretes con usos diversos, pesada y difícil de llevar. Así que en 1963, Phillips introdujo el Compact Cassette, la solución al problema de portabilidad del magnetófono. Un estuche de plástico de 10 cm x 6.5 x .9 en el que giran dos pequeños carretes y una cinta en la que sólo se podía grabar la voz. Por supuesto, el invento venía con su respectivo reproductor, la primera grabadora portátil. Dos años después aparecieron los cassettes con música pregrabada: un catálogo de la rca que apenas alcanzaba los cincuenta artistas y la calidad de sonido no era muy alentadora. Entonces surgió la grabadora para música hi-fi en 1971, cuando Advent Corporation introdujo su Modelo 201 con el famosísimo sistema Dolby Noise Reduction —que Dolby Laboratories inventó en 1968 para elevar la fidelidad del cassette—, y cubrió las cabezas con dióxido de cromo (CrO2).

Después del formato 8 Track o cartucho de ocho pistas, invención de Bill Lear y su Lear Jet Corporation —que también tuvo su momento en los sesenta y seguramente tiene una secta de nostálgicos—, el cassette se convirtió en el hijo consentido de la industria discográfica entre los setenta y los noventa.
Primero se lanzaba el lp y meses después aparecía el cassette. Luego se lanzaban simultáneamente, hasta que dejó de aparecer el lp y el cassette siguió girando. Finalmente se lanzaba a la par del cd pero el cassette corrió con la misma suerte del vinil. Era barato, fácil de llevar, de almacenar, de escuchar y resistente a los embates del rol. Pero la verdadera revolución se dio cuando TDK y Maxell lanzaron los cassettes con cinta virgen en 1971.
Ahora el oyente podía grabar y regrabar su selección musical. También surgieron las radiograbadoras portátiles, algunas con doble cassettera, en las que se podían grabar las canciones del radio.

EL WALKMAN
Y EL MIX TAPE

El Airmate fue un radio portátil muy popular en los años setenta, estaba integrado a unos enormes audífonos con antena que el oyente usaba para caminar o andar en bicicleta. También conservo uno, lo tiene puesto el busto de
Frenología que sostiene una serie
de libros junto al altar de los cassettes. Cuando apareció el Walkman de Sony en 1979, cuya invención se le reconoció tardíamente al inventor alemán Andreas Pavel en 2005, cambiaron la forma de escuchar la música y otros hábitos. El vinil rodó cuesta abajo. Ahora la música personal se podía escuchar en cualquier lugar, momento y actividad sin molestar a nadie. El reproductor de cassettes con audífonos estéreo también fue el papá del Discman, el iPod y los reproductores mp3, formato que ya fue declarado muerto por sus creadores del Fraunhofer Institute for Integrated Circuits.
Bernhard Grill, director del instituto alemán, anuncia que el nuevo formato que han creado, más eficiente y funcional, es el Advanced Audio Coding aac).

Las playlists actuales también descienden del cassette. Se deben a esa bella práctica de grabar cintas con las canciones favoritas, mezclando todo tipo de música con un tema o una historia: el mix tape, considerado por sus practicantes un arte. El mix tape era un clásico de los diyeis y raperos de Nueva York durante los setenta y los ochenta. Desde entonces, en cada oyente hay un creador conceptual y productor musical esperando a ser liberado. Y claro, todos somos diyeis. El cassette virgen era como un lienzo o una hoja en blanco, se podía grabar con la música del radio, los discos, los conciertos, la voz, instrumentos, otros cassettes y finalmente de los compactos. Y lo mejor de todo es que era posible regrabar, editar, corregir. Rotularlos con logotipos y tipografías exóticas era parte del proceso creativo.
También fue uno de los formatos favoritos del punk hardcore en los ochenta, por eso Thurston Moore le dedicó un libro. En 2005, el guitarrista fundador de Sonic Youth armó y publicó el audiolibro Mix Tape: The Art of Cassette Culture, una antología de grabaciones y textos realizados por cincuenta personajes de todos los ámbitos culturales, sobre los cassettes que grabaron por noviazgos, rompimientos, viajes, experiencias, aficiones, obsesiones y
rituales. Artistas, escritores, músicos
y pintores comparten sus listas musicales, acompañadas de la historia detrás de la grabación. Una mezcla de canciones y sonidos que —de acuerdo al compilador Moore—, representaron la expresión juvenil durante dos décadas.
“El cassette es como una botella que se lanza al mar”. En esa dirección, fue el vehículo para que la música —el rock, el jazz y el blues— llegara a sitios inaccesibles en los países socialistas. Por todo eso al cassette se le atribuye la masificación y la democratización de la música.

Todo iba de maravilla para el querido tape, hasta que Phillips introdujo el Compact Disc (cd). El invento estaba listo en 1980, se tomó una década de trabajo con Sony para lograr que el formato fuera amigable con el mercado, lo cual sucedió en los noventa.

LADO B

The NAC
El regreso del cassette es un fenómeno que sucede en América y Europa, protagonizado por discográficas como Post/Pop Records en Inglaterra, Burger Records en Estados Unidos y Cintas en México. Lo irónico es que sólo queda una fábrica de cassettes en el mundo, la National Audio Company, ubicada en un simbólico Springfield, Missouri.

Steve Steep fundó la National Audio Company (nac) en 1969 y hoy es el único proveedor de cassettes en el mundo. En los noventa adquirió a precios de remate todos los equipos para fabricar que pudo. Con esas máquinas opera la empresa de cincuenta empleados que produce 100 mil cassettes al día. En 2015, la producción superó los diez millones de cassettes, pedidos por cientos de discográficas y grupos independientes, así como por Universal y Sony Music. Su catálogo incluye cientos de grupos de garage y heavy metal, pero también colmilludos del calibre de Keith Richards, Nirvana, Judas Priest, Ice Cube, Weezer, Metallica, Eminem, Blink 182 y Justin Bieber. “Las bandas indies son las responsables de este retorno”, afirmó Steep en una entrevista para Bloomberg. “El casette es tangible, colorido y mecánico en una era efímera.
Además, conserva el espíritu punk, artístico, retro-cool”.

Para Robert Covertson, el ingeniero de sonido y jefe técnico de nac, el cassette es único porque su sonido proporciona una sensación de calidez que el digital no tiene. “Pero su retorno se debe a la nostalgia”, dijo en la misma entrevista. Para Covertson, está en boga grabar cassettes porque son muy baratos y conservan lo que llama “el aura vintage, el factor humano que interviene en la creación de una pieza física de arte musical: el diseño de la portada, las letras, las fotografías y tipografías, todo forma parte de la expresión”.

TRES DISCOGRÁFICAS
DE CASSETTES

En 2007, Sean Bohrman y Lee Rickard iniciaron Burger Records en Fullerton, California, para grabar y lanzar en ca-ssette a los grupos emergentes de Los Ángeles. Hoy es la productora musical de cassettes más importante de Estados Unidos con más de mil lanzamientos; su catálogo incluye a Green Day, Devon Williams y Brian Jonestown Massacre (quienes dieron un alucinante concierto en la Ciudad de México hace unos meses). Partieron de un principio: “Somos análogos y sensitivos. Nos gusta tocar las cosas. Nos gusta sentir”. Al otro lado del océano, el londinense Jed Sheperd, clavado de la música lo-fi, creó Post/Pop Records en 2009. Empezó a grabar a los nuevos grupos ingleses en cassette, formato que ellos prefieren porque es inmediato, accesible y tangible, y hoy ha lanzado a más de cien agrupaciones. “Escuchar un cassette es un ritual sensorial”, afirma Shepherd en la página de su compañía.

En Monterrey, Nuevo León, Ernesto Vidal fundó Cintas en 2015, una compañía que ha lanzado a treinta grupos en cassette. “Iniciamos sólo para editar la música de unos amigos, fuimos conociendo más proyectos y actualmente somos una plataforma. Editamos lo que nos gusta y lo que nosotros creemos que propone algo”, comenta Vidal en entrevista. Y explica por qué prefieren lo artesanal en la era digital: “Para nosotros fue una elección estética, de gusto personal. El cassette tiene ventajas, como ser un medio de bajo costo. Y en el mundo de la música independiente siento que es el vehículo perfecto para hacerlo tangible y compartir en un formato análogo. Dicen que es el formato más democrático. No está escrito en piedra, puede ser transformado/re-grabado las veces que sea necesario”.

LOS HONEY
ROCKETS

Es un grupo de garage rock que se formó en 2012 en la Ciudad de México, un protagonista del regreso del cassette.

Después de Los Yeti, el bajista Alex Zazá empezó a tocar con el guitarrista Jorge Vilchis antes de formar a Los Honey Rockets, al que se integraron el
baterista Mauricio Ruiz Palacios y Jasmina Hirscchl en el órgano. Han lanzado dos cassettes, su primer ep, Los Honey Rockets, y un split tape compartido con el grupo angelino Las Cruxes.

En entrevista, Zazá expone sus motivos: “Pensábamos sacarlo en vinil, que tiene una buena aceptación entre la gente que colecciona discos. Pero uno de los problemas del vinil es que ya no hay imprentas en México que se dediquen a hacerlo. La última era de Retroactivo y dejó de operar hace poco tiempo.

Así que nos acercamos a Cintas. Pensamos que el cassette podría darle un valor agregado a nuestra música. Tiene cierto ruido y aire, y eso hace que nuestra música se escuche lo más cercano a nuestro sonido en vivo.
Buscamos nuestros sonidos en instrumentos y equipos antiguos. Bulbos, mezcladoras análogas, grabadoras de cinta y algo de ruido. Si volviéramos a ser niños, seríamos de esos que siempre tienen los pantalones rotos de las rodillas”.

ELBOW Y ARRELA,
LOS CASSETTE PLAYERS
DEL MOMENTO

Las radiograbadoras, los walkmans y consolas con reproductor de cassette son tesoros de segunda mano. En Fast Forward la nueva industria ya trabaja en ello. Será posible ver este tipo de aparatos en los escaparates de electrónica, como ya se encuentran, por ejemplo, en Radio Shack. Por lo pronto, dos compañías lanzaron sendos reproductores para disfrutar los viejos y nuevos ca-ssettes. El que ha causado furor, Elbow Cassette Tape Player, es un novedoso diseño fabricado por la empresa lituana BrainMonk. Un dispositivo más pequeño que el cassette, que se prende de la ropa como un clip y se escucha con audífonos. Tiene un cable usb para cargar la pila y reproducir la música en cualquier dispositivo. Tras su lanzamiento en 2016, la compañía se vio rebasada por la avalancha de pedidos y tuvo que colocar un aviso en su página para informar que, por el momento, le era imposible surtir todas las solicitudes. También existe el Arrela Converter, otro tipo de walkman que funciona como convertidor que permite reproducir y pasar la música de cassette a mp3 y cd, si acaso se desea salvarla en digital.

Aunque el walkman de cinta haya cedido ante el iPod, con seguridad escucharemos más sobre estos y otros reproductores que traerán la calidez musical de regreso al presente. Mientras eso sucede, los cassettes seguirán girando en el tiempo, como pequeñas ruedas musicales, a su paciente velocidad de 4.76 cm por segundo.

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