El rock mexicano

La Canción # 6

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Esta vez no diré que es como las pilas Rayovac, ni que carece de neurona y testosterona.

De inmediato me convierto en apátrida, malinchista e ignorante. Órale. Mi punto es que nuestro rock no tiene sus raíces en el blues y en el rhythm & blues, sino en la imitación producida desde la televisión: Enrique Guzmán, Angélica María, César Costa… Y para tocar rock hay que tener, por lo menos, una embarrada de negritud. Pero ni Johnny Laboriel la arma. ¿Y el Tri, que toca el mismo blues desde hace cuatro décadas, no cuenta? Sí, el Pri de Lora cuenta mucho, mantuvo vivo al rocanrol en los bajos fondos entre los setentas y los ochentas.

Pero cayó en mis manos una edición especial de Rolling Stone, Los cien grandes artistas de todos los tiempos (2011), cien músicos y productores escribieron sobre su artista favorito.

El resultado es muy interesante y enriquecedor. Salvo por un detalle: en la edición mexicana se agregó al artista 101, una página adicional después del índice dedicada a “Nuestra leyenda del rock mexicano” y representante de la Patria ante la comunidad internacional, Sir Alex Lora. Ni mois ni menos que nuestro Neil Young descrito por Sabo Romo como un músico “inmortal”, con una ilustración de Manjarrez que lo muestra sacando la lengua, con su playera de la Guadalupana y su bajo-pene. Sentí pena ajena. Con razón seguimos en el hoyo fonki. Esa página es un retrato fiel del rock mexicano.

Nadie que me haya increpado logra responder: si no fuera Lora, ¿qué rockero mexicano merece estar en esa página? Aquí es donde se les cierra el mundo porque Santana está entre los cien. El problema de que un “crítico” compare a Café Tacuba con los Beatles y sus discos con el Álbum blanco, es que hay personas que se lo creen. Además, Café Tacuba no toca rock. Lo declararon muerto desde los años noventa. Fue durante los ochenta cuando nuestro rock se acercó a la noción de una identidad, un auténtico rock mexicano. Uno de ellos fue Rockdrigo González, el buen rupestre y “profeta del nopal”, nuestro Dylan sin premio Nobel. Y Botellita de Jerez con su idea del guaca rock, mariachis de barrio tocando charrocanrol y proclamando “naco es chido”. Sin embargo, con todo y sus letras ingeniosas, las canciones no pasaron del chiste adolescente y la música siempre dejó mucho que desear. Ahora sí que diez en concepto, pero cuatro en ejecución. Un amigo trató de comparar a Botellita con Los Ramones —también entre los cien—, otra idea que sacudió la estructura del rock, desde la canción hasta la industria, con un elogio a la simpleza. Son referencia del rock universal por la música y el pensamiento que legaron. Ante eso, no me atrevería a poner a Botellita en esa página.

¿Entonces, todo nuestro rock vale madres en el mes patrio? No. Hay excepciones y Jaime López. Falta espacio para enlistarlos, pero cabe recomendar a los periodistas musicales que llevan a cabo una cruzada para reivindicar al rock nacional. Su argumento es que “No conoces lo que se ha hecho y lo que se está haciendo en el país”. Dicho lo cual, se han dado a la tarea de investigarlo, documentarlo y difundirlo. Los más serios y dedicados son David Cortés, Juan Carlos Hidalgo y Alejandro González Castillo. Esperemos que algún día alguno de esos grupos tan prometedores logre representar con dignidad a México ante los cien artistas de todos los tiempos.

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