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La agente, tras ser ascendida por sus superiores en la SSP. Foto: Especial

Ana Laura Martínez Villavicencio sintió que se moría. Todo pasó por su cabeza en segundos cuando vio que el arma de ese hombre le apuntaba de frente: su hijo, su familia, la vida misma. Pero la vida le dio otra oportunidad, ya que a pesar de que el hombre accionó el arma, la bala nunca salió de la pistola. Eso le permitió reaccionar; todo apenas en cuestión de segundos.

  • El dato: La víctima, que se dedica a la compra-venta de autos, fue sacada de su domicilio en la San Felipe de Jesús por sus plagiarios.
  • 55 años de edad tiene la víctima que fue secuestrada

Con apenas dos años y ocho meses en la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) capitalina, hasta hace apenas 15 días la joven policía trabajaba en la base de radio, monitoreando a las patrullas en servicio en las áreas asignadas, labor en la que llevaba un año, cuando la asignaron al trabajo de campo en el sector Moctezuma.

Las palabras se entrecortan cuando, en entrevista con La Razón, recuerda lo ocurrido la tarde del viernes en la delegación Venustiano Carranza

Ese día asignaron a Ana y a un agente de Tránsito en el cruce de Circuito Interior y Eduardo Molina para inhibir los robos a transeúnte que son comunes ahí. En ese momento se percataron de que una camioneta Buick gris, con tres personas a bordo, dio una vuelta prohibida. Fue por ello que le marcaron el alto al conductor.

—Ana, pendiente, están sospechosos—, le advirtió su compañero mientras se acercaban. La camioneta estaba detenida cuando ambos uniformados se aproximaron y el conductor bajó para dialogar con ellos y algo cambió todo.

—¡Me tienen secuestrado!— se escuchó el grito de un hombre que viajaba en la parte trasera del vehículo. A su lado, otro sujeto lo tenía del cuello.

—Es mi suegro, lo vamos a anexar porque es alcohólico— dijo en ese momento Humberto, el conductor.

—¿Cómo lo vas a llevar tú? ¿Dónde están sus familiares?—, cuestionó Ana.

En ese momento los policías pedían refuerzos y Ana Laura se aprestaba a rodear la camioneta, cuando Humberto “C”, quien permanecía fuera de la misma, sacó de su ropa una pistola y la apuntó al pecho de la mujer policía.

Entonces el hombre jaló el gatillo, pero la bala quedó encasquillada en el arma. En cuestión de segundos ella respondió la agresión y logró neutralizar al hombre de 30 años, quien quedó inmóvil.

El cómplice que iba en el asiento del copiloto bajó del vehículo y trató de huir corriendo, pero metros más adelante fue detenido por el oficial de Tránsito.

Humberto ingresó bajo custodia al Hospital General de Balbuena, su acompañante, quien fue identificado como Alberto “E”, de 33 años, fue detenido.

Esta acción logró que Ana Laura ascendiera de grado. Ahora es policía primero, cargo que ratificó personalmente el titular de la SSP, Raymundo Collins.

“Tienes que estar preparado para todo, tienes que ir con la mente para todo, listo, llueve, truene, relampaguee. Me preparé un año en la academia, es muy duro, te paras temprano todos los días. Es más duro porque tengo a mi hijo de seis años. Él quiere ser policía, está orgulloso de mí. Fue mi vida en ese momento. Si me hubiera pasado algo, también a mi compañero, eran dos personas, ambos estaban armados. Es algo que no pasa todos los días. Me puse a llorar”, dijo.

Martínez señaló que su compromiso sigue siendo el mismo, salvaguardar la integridad de las personas, también la suya, porque si ella no está segura, no podría brindarle ayudar a alguien.

−Se ha hablado sobre el perdón para pacificar. ¿Sería una buena manera de salir de la violencia?– se le pregunta.

−No. Ellos no merecen perdón, están haciendo daño. Todos somos seres humanos, nos ganamos la vida día a día, teniendo un trabajo digno, para que ellos lleguen y te quiten la vida, digamos, por un celular. Eso no tiene perdón−, concluye.