El síndrome de Arizona

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El pasado sábado, 1 de mayo, decenas de miles de hispanos marcharon en 70 ciudades de Estados Unidos, en protesta contra la Ley SB 1070, impulsada por la gobernadora de Arizona, Jan Brewer, que tipifíca como delito la no posesión de documentos oficiales por parte de los millones de inmigrantes que habitan en ese estado.

Desde 2006, los líderes de la comunidad hispana han tenido el acierto de entrelazar, cada 1 de mayo, las demandas migratorias con las laborales y raciales. En ciudades como Atlanta, Chicago, Los Ángeles, Nueva York y Washington se han aproximado al movimiento afroamericano y han rendido honores a Martin Luther King y otros héroes de la lucha por los derechos civiles.

Estados Unidos es un país de fuertes tradiciones sindicales y de activismo a favor de la ampliación de los derechos civiles. Al insertarse en esas tradiciones, la comunidad hispana establece alianzas con otras minorías y apela a símbolos reconocibles por las clases medias liberales de las más populosas ciudades del país.

En la mayoría de las marchas el rechazo a la Ley de Arizona se dio acompañado de la exigencia de la reforma migratoria, prometida por Barack Obama durante su campaña presidencial. Sin embargo, aunque el Presidente ha mostrado desacuerdo con la Ley de Arizona, la reforma migratoria carece, aún, del mínimo consenso legislativo que se requiere para su impulsión.

Buena parte del capital negociador de Obama se invirtió en la reforma sanitaria, por lo que es muy poco probable una flexibilización de las leyes migratoria federales en lo que queda del primer mandato del Presidente. Los activistas hispanos podrían estar incrementando la presión para comprometer a Obama con una reforma migratoria de gran calado en su segundo mandato.

Por lo pronto, la presión ha provocado que la gobernadora Brewer complemente la Ley SB 1070 con la Ley HB 2162, que intenta penalizar la racialización del control de documentos migratorios en el estado. Intento vano, ya que como señalaba el columnista de The New York Times, Frank Rich, la racialización del indocumentado hispano está en el corazón de la primera ley.

El síndrome de Arizona está atravesado por la idea de que los inmigrantes hispanos, específicamente los de origen mexicano, amenazan con reconquistar el territorio perdido de la otrora Nueva España. Se trata, como diría el historiador ruso-francés, León Poliakov, de una “causalidad diabólica” o visión paranoide que atribuye al inmigrante la misión de un conquistador bárbaro.

Mucho debe ese síndrome al desafortunado libro ¿Quiénes somos? Los desafíos de la identidad nacional americana (2004), del brillante politólogo de Harvard, Samuel P. Huntington (1927-2008). No por gusto, Huntington incluía a Arizona dentro de un territorio fronterizo, compartido por Texas, Nuevo México, California, Utah y Nevada, que debía ser protegido de la “amenaza” hispana.

rafael.rojas@razon.com.mx

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