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Elisa Carrillo dirigió la clase de ballet durante una hora. Foto: Cuartoscuro

Conmovida por la solidaridad de los mexicanos tras el sismo del pasado 19 de septiembre que dejó a miles de personas sin hogar, Elisa Carrillo primera bailarina del Staatsballet de Berlín impartió una clase magistral en el icónico salón Los Ángeles, hasta donde llegaron niñas pertenecientes al Ballet Teletón de México, así como adolescentes que ven en ella un ejemplo a seguir. Incluso una mujer de 74 años, quien aseguró que “para el ballet no hay edad” acudió al llamado.

“Disfruten la música, sientan en sus cuerpos los movimientos”, fueron las palabras que repetía una y otra vez Carrillo, quien enfundada en un pants negro y botas especiales para no resbalarse motivaba a sus pupilos, que vestían las características mallas blancas, el leotardo color rosa y los chaussures que distinguen a quienes practican ballet.

Fueron sesenta minutos en los que la bailarina se mezcló con las persona en la pista central del salón. Un suelo que en otros tiempos ha visto danzar a pachucos, rockeros, amantes del son cubano y boleros, pero que esta vez se transformó en un escenario para la danza clásica.

La barras metálicas, que se intalaron para la especial ocasión contrastaban con la duela desgastada del piso, pero eso poco importó a los alumnos, quienes no perdían de vista a la también embajadora cultural de México en el mundo.

El mismo escenario que un día albergó a la Sonora Santanera, Pérez Prado, Café Tacvuba e incluso a El Tri, fue testigo de cómo cada una de las personas aprendía a realizar un arrière (elevación de una pierna), un fondue (doblar las piernas al mismo tiempo), un elegante attitude (cuando el bailarín se sostiene en una pierna y la otra la ponen en un ángulo de 90 grados) inspirados por la agilidad de Carrillo.

  • El Dato: En 2013 Elisa Carrillo Cabrera y Mikhail Kaniskin constituyeron la Fundación benéfica de Elisa Carrillo Cabrera para fomento de las artes y la cultura.

Con la sencillez que la caracteriza, la estrella del Ballet de la Ópera de Berlín instruía en cada uno de los movimientos a los aprendices.

“Muy bien, sigue así, recuerda que lo más importante son las sonrisas y las ganas”, decía mientras se mezclaba entre las ordenadas filas en las que se veía a sus pupilos.

“Me entusiasmé mucho cuando supe que iba a estar Elisa Carrillo” comentó a La Razón con una sonrisa la pequeña Monserrat de ocho años.

“A ella le gusta mucho el baile, la llena de emoción y además es muy terapéutico. Inclusive vimos que hizo muchos movimientos que ni en la terapia hacía. Esto le mueve el corazón, cuerpo y le da vida”, destacó Roció Murillo de 49 años y mamá de la pequeña, quienes desde Iztapalapa hicieron el esfuerzo para llegar, pero que a decir de ambas “valió la pena”.

Las aprendices siguieron al pie de la letra cada una de las instrucciones. Foto: Especial

La intención de Carrillo al hacer un evento de tal magnitud en un lugar enclavado en el corazón de Tlatelolco, fue mezclar dos estilos tan únicos: el ballet y la música popular.

“Es algo que nos simboliza mucho, que yo lo veo y lo extraño, es esa fiesta, la alegría que uno tiene, hasta cuando uno va a una boda allá (Alemania) no es como aquí en México no hay ‘bailongo’ después de estos eventos, es algo muy especifico de nuestro país”, decía, mientras celebraba que niñas y adolescentes apasionadas por la danza apoyaran la reconstrucción de México.

Para cerrar con broche de oro el evento, hizo su aparición en el escenario la Orquesta de Ramón Cedillo, que a ritmo de salsa puso a bailar a Elisa Carrillo.

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