En el PAN ya nadie protege la concordia

MARCAJE PERSONAL

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La vida en los partidos es dura. Acaso por ello, una parte de la historia de cualquier organización política es la de sus escisiones y desencuentros. Hay momentos más graves que otros, y el PAN se encuentra en una coyuntura de la que puede salir bastante dañado e inclusive terminar siendo otra cosa, distinta a lo que fue.

Como nunca antes, la designación del candidato presidencial ha significado un costo enorme. La poca disposición para transitar por una contienda interna sin dados cargados, hizo que Margarita Zavala buscara el futuro como aspirante independiente a la Presidencia de la República.

Zavala es una política con enorme arraigo en el panismo y su salida supera el propio daño electoral que pudiera significar, y más bien hay que contabilizarlo en una ruptura simbólica y profunda.

Pero no sólo ella, muchos liderazgos están marginados o fuera, lejos de la toma de decisiones y sin posibilidad de influir en el futuro de la organización en la que militaron por décadas.

Los problemas, hay que decirlo, no son de ahora, vienen de más lejos, pero pareciera que ahora sí trabajan por la ruptura.

En enero de 1997, al celebrarse el centenario de Manuel Gómez Morín, Carlos Castillo Peraza recordaba que una de las tareas torales de cualquier presidente del PAN era ser custodio de la concordia. “Herencia del fundador es precisamente la voluntad de concordia entre los panistas, legado suyo es la magnanimidad en la oposición, en el gobierno y en el interior del partido”.

Castillo Peraza, por cierto, se fue del partido luego de encabezar una gestión exitosa que significó lo que llamó “una victoria cultural”.

En su momento, otro líder de la derecha, Luis H. Álvarez vaticinó: “Al PAN no lo derrotó la derrota, lo que puede derrotarlo es la victoria.”

Lo que ocurre importa, porque esa corriente ha sido fundamental para la construcción de la democracia. Su deterioro ideológico no es una buena noticia.

Es paradójico. Ricardo Anaya logró una alianza con la izquierda moderada, la del PRD, y lo hizo contra muchos pronósticos. En 2000 grupos de intelectuales apostaron por un acuerdo entre Cuauhtémoc Cárdenas y Vicente Fox.

Los argumentos eran parecidos, o quizá iguales a los de ahora y tenían como meta sacar al PRI de Los Pinos. Aquel acuerdo no resultó, aunque el PAN ganó la elección.

Ahora es probable que no triunfen, pero además se van a quedar sin partido, porque las heridas son profundas y no van a poder cicatrizarlas con las medicinas del poder.

Pero si alcanzaran la victoria el próximo julio, es factible que se cumpla uno de sus miedos más arraigados en el panismo: “Ganar el poder para perder al partido”.

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