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El cardenal Wuerl y el Papa Francisco, en imagen de 2010. Foto: Especial
El cardenal Wuerl y el Papa Francisco, en imagen de 2010. Foto: Especial

El arzobispo de Washington, Donald Wuerl, señalado por encubrir a más de 300 religiosos que abusaron de niños en Pensilvania en la década de 1960, entre ellos, su mentor el octogenario arzobispo, Theodor McCarrick, destaca en la polémica de altos mandos eclesiales a los que el Papa Francisco no tendrá que apartar de sus funciones, al haber llegado a la edad (77 años) en la que todos los obispos deben renunciar a sus cargos.

Como en los casos de George Pell y Francisco Errázuriz, el Papa no tendrá más que aceptar la renuncia del prelado, quien se resistió a separarse de su apostolado cuando asociaciones civiles presionaron para su remoción, al saberse que su nombre aparecía en el millar de documentos que rompieron con el silencio de más de 70 años de víctimas de abuso sexual.

Donald Wuerl no sólo no quiso renunciar antes de tiempo, sino que contrató, con los recursos de la diócesis de Washington, a un equipo para que le creara un sitio web, en el que pudiera sumar los argumentos para demostrar su inocencia respecto a la bomba que detonó el Gran Jurado de Pensilvania.

Las evidencias dejan muy poco margen de explicación a Wuerl, ya que los documentos de Pensilvania lo citan al menos 200 veces, lo que refleja su conocimiento de los abusos a jóvenes seminaristas, sacerdotes y menores de edad, víctimas continuas del peor escándalo en la historia de la Iglesia católica.

Aunque por encima de las referencias anteriores, el cardenal se empeña en negar las acusaciones, la presunción de su inocencia se hace hoy menos sostenible, al cancelar su participación programada para el Encuentro Mundial de las Familias, en Irlanda, que encabezará a partir de este viernes el Papa Francisco, donde se dirigirá a víctimas de abuso sexual, luego de asistir a un acto en la capilla del Santísimo, donde se encendió una vela por los crímenes.

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