¿Engrose electoral?

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Exigida por el PAN como condición para apoyar la reforma energética del PRI, la reforma electoral de 2014 tuvo como consecuencia el reemplazo del Instituto Federal Electoral por el Instituto Nacional Electoral. A diferencia del IFE, responsable exclusivamente de organizar los comicios federales, el INE supervisa ahora el desarrollo de los procesos locales.

Diversas voces advirtieron que “nacionalizar” los conflictos locales socavaría la credibilidad del IFE. Se enfrentaron con el diagnóstico panista que veía en la creación del INE el fin de la incertidumbre e inequidad en los procesos electorales de las entidades federativas. Después de revisar la errática actuación de su Unidad Técnica de Fiscalización en las elecciones celebradas recientemente en Coahuila y el Estado de México, es claro que el INE es un organismo con demasiadas facultades y poca capacidad para ejecutarlas.

La inexperiencia del INE respecto a la fiscalización de los recursos en las campañas locales provocó la declaración de un receso el pasado 14 de julio.
A lo largo de esa semana, los medios dieron a conocer dictámenes que contemplaban diferentes escenarios. En algunos se señalaba un rebase legal del tope de financiamiento. En otros, se mostraba que más de un partido había sobrepasado los límites de dicho financiamiento, prefigurando así la anulación de la elección. El presidente del INE invocó la necesidad de que los consejeros tuvieran tiempo para analizar los cambios en los dictámenes, pues había circulado un “engrose” cuyo contenido les era desconocido. La utilización del término engrose, repetido profusamente durante los días siguientes, es, por demás, errónea.

Engrosar significa “hacer más grueso algo”. Jurídicamente, el engrose es una práctica realizada en los tribunales integrados por más de un miembro, por ejemplo, los tribunales colegiados de circuito o la Suprema Corte. En estos órganos, si el proyecto del ministro o magistrado ponente, al momento de ser discutido, no es aceptado en su totalidad, los cambios y las adiciones formulados por sus colegas deberán incluirse en una nueva versión. Dicha versión deberá redactarse tomando en cuenta las deliberaciones de los otros miembros del tribunal. El proyecto original es entonces “engrosado” con las observaciones de todos los juzgadores.

Referirse a engroses respecto a los gastos de las campañas electorales es, en consecuencia, incorrecto. A pesar de que el INE es un órgano colegiado, es una autoridad administrativa, no un tribunal. De ahí que sus resoluciones sean de tipo administrativo, no jurisdiccionales, y, por ende, no susceptibles de engroses. Además, si los 11 consejeros desconocían los dictámenes, se puede inferir que ni siquiera los habían discutido. Un proyecto del que se ignoran sus términos y no ha sido debatido simple y sencillamente no puede “engrosarse”.

La utilización del término engrose para justificar la inexperiencia de la Unidad Técnica de Fiscalización, que en unos cuantos días elaboró distintas versiones de los dictámenes, muestra que el INE sobreestimó su capacidad para fiscalizar los comicios locales. El deterioro de esta institución repercutirá negativamente en su credibilidad para calificar las elecciones federales de 2018.

mauricio.ibarra@razon.com.mx
Twitter:
@mauiibarra

Mauricio Ibarra

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Abogado (UAM) y maestro en Economía y Política Internacional (CIDE).
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