Entre gasolinas y golosinas

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Entramos a la última semana del año y aún debemos procesar temas relevantes. El anuncio de la Secretaría de Hacienda sobre gasolinas más baratas, entre 40 y 43 centavos por litro a partir de enero, producto de la Reforma Energética subraya el anuncio, suena bien. Difícil que alguien pueda, o quiera, reñir con la rebaja en precios de energéticos tan relevantes como combustibles o suministro eléctrico, tal y como ha venido ocurriendo con tarifas industriales y domésticas de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) durante los meses recientes. Difícil.

Falta por conocer a fondo el impacto que estos descuentos en las finanzas públicas ya que los procesos para refinar gasolinas son complejos, insuficientes en términos de capacidad e infraestructura nacional, tanto que la importación de los refinados, fue el origen de los mal llamados “gasolinazos” de los años recientes. Por el lado de la generación de energía eléctrica, el consumo de combustibles, gas, gasóleo y otros para su producción, implica costos y subsidios reales.

Por lo tanto, los descuentos en precios finales al consumidor de estos energéticos deben responder a varios factores, costos e impacto en términos de crecimiento y desarrollo económico, criterios de largo plazo para no sorprendernos más adelante con aumentos inevitables o con fracturas en la consistencia de Petróleos Mexicanos (Pemex) y CFE, a futuro.

 Las promesas y las expectativas. Energía accesible y de calidad, servicios de salud iguales, educación laica, gratuita y de calidad, convergencia tecnológica, Internet, justicia pronta y expedita, condiciones equitativas para el desarrollo humano colectivo e individual, son ofertas básicas de éste y de cualquier gobierno, aquí o afuera. Las revoluciones, aún institucionalizadas, ofrecen cosas buenas independientemente de su capacidad para cumplirlas responsable y sostenidamente.

En nuestro continente abundan ejemplos de populismos que prometieron eso y más a costa de empeñar el futuro inmediato. Movimientos políticos e ideológicos que parecían cumplir y terminaron por hundir. Hoy México cierra el año con expectativas económicas y
políticas mixtas.

Indicadores económicos sólidos en medio de una volatilidad internacional evidente y sin certeza de solución o remedio en el corto plazo. Crecimiento del PIB insuficiente, como siempre, pero defendible ante lo que ocurre afuera.
Inflación controlada y a la baja que da certeza y protege la economía de las clases más vulnerables. Para cerrar, descuentos que deben ser incentivos para un mayor dinamismo económico en los próximos años dentro de los límites, reales que el contexto global y el estadounidense en particular, permitan.

En lo político, persiste la deuda con la transparencia y crece en cuanto a combatir la corrupción. Elecciones constitucionales en 12 estados, más la extraordinaria en Colima, el papel del Instituto Nacional Electoral (INE) y del Tribunal Electoral para detener las trampas y marrullerías verdes, morenas, amarillas, azules o tricolores.

Concluir la implementación de la reforma judicial a mitad del año nuevo con el reto no sólo de la oralidad en juicios, sino la capacitación de ministerios públicos y policías investigadoras. La bonanza económica y laboral sin contención real en los poderes judicial y legislativo, los bonos, regalos y aumentos que abren más la brecha social entre gobernados y una clase política que gusta
de servir sirviéndose.

La probidad en funcionarios públicos será posible sólo mediante medidas coercitivas efectivas, con consecuencias reales ante el robo. De ello hasta el paladín de la honestidad valiente lo sabe por experiencia cuando fue Jefe de Gobierno, y dos de sus más cercanos colaboradores (servidores públicos) enfrentaron procesos judiciales y penales.

El candidato presidencial por oficio, Andrés Manuel López Obrador también sabe, como el que más, que gobernar bien no es cosa de discursos y ofertas rimbombantes desde el resentimiento social, hacerle al Robin Hood, ofrecer escuelas, casas, empleos, prosperidad y probidad resulta fácil en el discurso,
complejo en los hechos.

Los otros también, y el Presidente Enrique Peña Nieto por igual sabe y vive ese reto día a día, lo ha padecido y lo enfrenta desde la posición más difícil, la del ejercicio del poder.

Bienvenidas las celebraciones y convivencias, igual los anuncios económicos para el próximo año, que sean incentivos y no populismos de esos mismos que nos llaman a rechazar. Hay bases e instituciones, siempre imperfectas e inacabadas, pero están ahí, hay que reconocerlas y fortalecerlas entre todos.

urdiales@prodigy.net.mx
Twitter:
@CarlosUrdiales

Carlos Urdiales

Carlos Urdiales

Chilango desde 1964, comunicólogo con aspiraciones periodísticas. Formado en la radio informativa, madurado en la televisión y feliz en la prensa impresa. Disfruto el reto de las redes sociales y los nuevos formatos multiplataforma. Nada me deja de asombrar, nada doy por sentado. La compleja realidad, simplifica la vocación que no claudica. Gracias siempre por leer.
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