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Amenaza en lo profundo
Amenaza en lo profundo. Foto: Especial

Si bien resulta muy evidente cuáles y de dónde son los elementos que Amenaza en lo profundo —Underwater— retoma para desarrollar su concepto, es cierto que, por otro lado, podrían haber evitado convertirle en una simple película de fórmula. De entrada, sustituir los confines espaciales por las profundidades del océano, para ser el escenario en el que habrán de quedar varados el grupo de protagonistas —que en este caso son los operadores de una instalación científica—, ya ofrecía múltiples posibilidades.

La inquietud y la claustrofobia que representan enfrentar la situación extrema provocada por una falla tecnológica aparentemente inexplicable, dentro de uno de los lugares del planeta que aún guarda prehistóricos y aterradores secretos, parecían ideales para delinear —al margen de la aventura— una reflexión sobre ese punto en el que el ser humano, debido su afán de construir artefactos que le permitan entender y controlar su entorno, extravía el camino y queda indefenso ante su propia creación, entregando así una película que además de forma, tuviera fondo.

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Por desgracia, salvo en las escenas iniciales en las que juegan bien con el peso de los silenciosos y la parsimonia del desarrollo, lo segundo queda en un bosquejo, pues luego el director William Eubank se preocupa sólo por lo primero, recorriendo múltiples lugares comunes para ejecutar, con cierta solvencia, una historia que va del cine de desastre al de suspenso. Incluye uno que otro sobresalto efectivo, pero muy pocas sorpresas, salvo el llamativo y espectacular diseño de las criaturas implicadas, que le aportan algo de identidad.

Se agradece la convicción con la que se desempeña Kristen Stewart, pero, aunque logra dar consistencia al desarrollo de su papel como la hastiada mecánica Norah Price, se queda corta a la hora de trabajar los matices y no tiene la suficiente fuerza para sostener la indefinición que caracteriza la propuesta general, algo que tampoco puede reprochársele; aunque esto podría ser un indicador de por qué aún sigue fallando en su intento por posicionarse como una figura de acción, pese a que la industria hollywoodense parece también estar apostando todo en ello. Y es la elección de sus los proyectos: basta recordar ese reciente y lamentable reboot llamado Los ángeles de Charlie.

En fin, en cuanto al resto del reparto, que incluye a un actor de capacidad probada como Vincent Cassel, hay muy poco que decir; apenas cumplen con darle rostro a personajes con los cuales la empatía es prácticamente nula, que de por si son sólo estereotipos dentro de una pieza de ciencia ficción que apuntaba para ser algo mucho más grande como franquicia. No descartemos que pudiera vivir mejores momentos en futuras entregas, pero por lo pronto, apenas funciona como entretenimiento.

 

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