Ellas contra la marea, la regata de la equidad

Este documental sigue la historia de Tracy Edwards, una mujer de 24 años que lideró Maiden, la primera embarcación de la historia con una tripulación completamente femenina para competir en el Whitbread Round The World Race de 1989

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Ellas contra la marea, la regata de la equidad
Foto: Especial

Entrar a una competencia de veleros que implica darle la vuelta al mundo partiendo de Europa y hasta bordear cerca de la Antártida, representa una hazaña de grandes magnitudes incluso para los marinos experimentados. Sin embargo, para quienes además han tenido que luchar durante toda su vida por ganarse un lugar en los espacios dominados por el género masculino, el asunto se convierte en algo mucho más grande, y es que en su caso los peligros del océano van acompañados del peso de los prejuicios, además del menosprecio y de las dudas internas generadas por el peso cultural. 

Esto último tal y como se puede ver cuando Tracy Edwards, la chica que de chef vemos como en Ellas contra la marea pasa a capitán de un grupo de mujeres que participan en el Whitbread Round The World Race, expresa que no estaba segura de que alguna de ellas tuviera la fuerza suficiente para sostener el timón cuando se encontraran con las condiciones mas complicadas. 

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Eran finales de los años 80 y los registros análogos son más bien generales y algo escuetos, pero gracias a la precisión y sentido con que Alex Holmes selecciona las escenas y las complementa con segmentos periodísticos sobre una base de testimonios recientes, tanto de las chicas participantes, hoy ya con más de 50 años encima, como de quienes fueron los responsables de hacer la crónica; el documental transita por la aventura y el drama con una naturalidad seductora y emocionante. 

Por supuesto para ello la música, cuál si fuera un pincel, funciona como la herramienta ideal con la que se van delineando los matices del desarrollo, sostenidos por la autenticidad de las emociones, y con la clara reticencia a abandonar el espíritu de entretenimiento inspiracional propio de los relatos deportivos, para no quedarse solo en el reclamo. 

El proceso de transformación de las protagonistas se explora apenas, pero es en el contraste del ayer y el hoy que se detona la reflexión, se fortalece el discurso de equidad y se manifiesta la deuda que la sociedad tiene con las mujeres, sin que este sea su afán principal. 

De igual modo la propuesta cobra un mayor valor a través de las sutilezas, como en el caso del ejercicio de reinterpretación que se asoma de forma casi involuntaria en las declaraciones de los periodistas que atestiguaron el hecho, al comentar con la amplitud de perspectiva que otorgan los años, la forma en que lo refirieron y las preguntas llenas de condescendencia y frivolidad insultante, producto del machismo, con las que bombardearon a las chicas en cuestión, por el simple hecho de ser mujeres. Así pues Ellas contra la marea no es precisamente sobresaliente como documental, aunque sí eficaz y llamativo, pero como testimonio y reivindicación tiene un valor innegable, del cual se puede aprender mucho cómo sociedad.