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Llega la nueva Femme Fatale de la pantalla grande

Llega la nueva Femme Fatale de la pantalla grande
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Con el estreno de la que debe considerarse como un buen ejemplo de lo que puede hacer el cine de entretenimiento, sin pretensiones pero de buena manufactura, quedan claras dos cosas: en primera, que David Leitch —responsable de la primera entrega de la efectiva John Wick, Deadpool: No Good Deed y de la futura Deadpool 2— es uno de los directores más habilidosos (a la hora de desarrollar secuencias de acción, sobre todo de combate cuerpo a cuerpo) con los que cuenta la todopoderosa industria hollywoodense.

En segunda, que la sudafricana Charlize Theron —Monster, Aeon Flux—, que hace un buen rato que encontró su mejor momento, ha sabido aprovecharlo y parece que es capaz de resolver cualquier tipo de reto actoral que se le presente, incluyendo éste, que le ofrece muy poco en la cuestión emocional para sustentar su personaje. Así, pues, teniendo al siempre consistente James McVoy — Fragmentado, X Men: First Class— para darle réplica, la otrora protagonista de esa joya del dieselpunk llamada Mad Max: Furia en el camino se vuelve a poner el traje de héroe de acción y no sólo resulta convincente, sino también seductora e interesante.

Basada en la novela gráfica The Coldest City, de Antony Johnston, e ilustrada por Sam Hart, Atómica (Atomic Blonde por su título original) tiene como protagonista a una agente secreta que debe recuperar una lista con los nombres de sus colegas antes de la caída del Muro de Berlín y en medio de complicadas situaciones en que nadie es lo que parece.

Se trata de un trepidante juego de arquetipos que se permite replantear algunos roles de género, además de que retoma la fórmula clásica de las aventuras de espías para potenciarla, homenajearla y transgredirla. Por supuesto, teniendo la Guerra Fría como contexto, los apuntes a la década de los ochenta están a la orden del día. Siguiendo la tendencia a la autorreferencia, que hoy domina el panorama tanto en el cine como en la televisión.

Contando con un presupuesto de apenas 30 millones de dólares, la puesta en escena es a veces minimalista y siempre congruente con la propuesta del concepto, que se desarrolla a un ritmo constante e intenso de principio a fin. La música es otro de los principales ingredientes que funcionan como un gancho para atrapar al espectador, aunque también es una forma tramposa de solventar problemas en las transiciones.

Es esta circunstancia, los excesos que incluyen el uso de las artes marciales y sucesiones coreografías, además de lo estéril del trasfondo, lo que hace que resulte una película un tanto artificiosa y muy efectista. Sin embargo, Atómica no engaña a nadie, su búsqueda no es la del discurso, sino la de ofrecer un estilizado y entretenido ejercicio fílmico, y en ese sentido cumple.