Perdona si te causo dolor

Perdona si te causo dolor
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Óigase al anti-Negrete

Letras sencillas, más próximas a la retórica de la telenovela o a la habilidad de Manuel Puig para escuchar las voces simples y el discurso de los medios, que a las elaboradas imitaciones modernas del bolero clásico.

Caminaba a pasitos cortos, contoneaba la cintura, elevaba el micrófono con una mano y con la otra, de espaldas al público, subía el fundillo del saco cruzado, ondulaba el trasero. Ese hombre era cantante y, a la vez, personaje de los dramas pasionales que decía su voz. Se sentaba como una mujer con las piernas cruzadas sobre una silla blanca.

¿Sería sin esta gestualidad sin pudores el mismo Juan Gabriel? Hay en él un aspecto revolucionario: rompió con los paradigmas de Negrete, Infante o Agustín Lara. Y, acaso por este exceso en el escenario, o por las razones que fueren, no le va nada mal: todo lo contrario, le va muy bien.

Así atrapa Juan Gabriel. Gestualidad gay, romanticismo telenovelero que pega en las mayorías de abajo y de arriba de la sociedad, afronte canallesco y gozoso de lo latino y crudeza con el género ranchero. Antiparadigma de cantor cuyo éxito desplaza límites y abre preguntas. Valentía del personaje, en definitiva, para interpretar —y quizás vivir— su propio personaje.

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