Recuerda Lindavista a Cantoral

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Yuliana García

yuliana.garcia.razon@gmail.com

A días del fallecimiento del cantautor Roberto Cantoral, se puede ver con claridad cómo el andar de los autos que circulan por Buenavista 230, en la colonia Lindavista, se detiene unos momentos para fijar su mirada, aunque sólo sea por un instante, en la que fue por varias décadas la casa del compositor.

Las partituras de la primera estrofa de “El Reloj”, incrustadas en el garaje del creador de más de 300 temas, muchos de ellos verdaderas joyas de la música mexicana, roban la atención.

Y aunque ya no está ahí, Cantoral es recordado como el buen vecino. “Lo vi muchas veces. Él andaba como todos, aunque casi siempre solo. El señor siempre llevaba a lavar su coche en el autolavado de la calle de Manizales en el que yo trabajé. Primero llevaba un Tsuru gris y después un Lincoln, también gris. Me dejaba muy buenas propinas, era muy dadivoso”, recuerda el señor Mario Lorenzo.

En tanto, Eduardo Ramírez, quien desde hace 20 años tiene un puesto de frutas en la esquina de Buenavista y Matanzas, asegura que durante muchos años observó pasar a Cantoral por la banqueta de enfrente, aunque sabía que desde mucho tiempo atrás que el número 230 de Buenavista ya no era habitado por el cantautor: “Son artistas y ellos tienen varias casas; de hecho, él mismo tenía otra casita por acá atrás, también en esta colonia”.

“Era un bohemio encantador, al que le gustaba echarse sus tragos de vez en cuando; una persona muy agradable, muy humana y generosa que siempre veía por la demás gente”, cuenta el abogado Camilo Arroyo, quien conoce a los Cantoral desde que Itatí, la hija del compositor, iba al kínder con su hermana.

“A Cantarol”, relata, “le fascinara rodearse de bellas mujeres; incluso, cuando en su familia precisaban de los servicios de enfermeras para atenderlo invariablemente era mujeres guapas, elegantes; decía que la belleza de las mujeres era su principal fuente de inspiración”.
A su vez, el policía Fernando Santana, quien junto a otro oficial, muy hermético, custodia la sencilla casa de los Cantoral, puntualiza que las cenizas del autor de “La Barca” no se encuentran dentro del inmueble, al afirmar que su canción predilecta es “El Reloj”, tema de su patrón, a quien recuerda con mucho cariño.

En los meses recientes el músico ya no era visto, la señora Socorro Fabila, quien llegó a la colonia apenas hace dos años, dice que nunca se topó con el compositor; incluso no notó nada raro el fin de semana del fallecimiento, ya que las calles estaban inundadas y ni siquiera pudo salir. Pero señala que, “el legado melódico del compositor es parte de la historia de mi vida”.

Finalmente, algo se desprende de los recuerdos de los que lo conocían, e incluso, de los que dijeron nunca haberlo visto: la fuerte sensación de vacío que invariablemente se expande por cada rincón, “cuando un amigo se va”.

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