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Robert Eggers ofrece una irresistible pesadilla fílmica
Los actores, en un fotograma de la cinta para la cual Craig Lathrop diseñó una estación de faros a gran escala. Foto: Especial

Cuatro años tuvieron que pasar para que Robert Eggers presentara su nuevo trabajo El faro y valió la pena. Con su pequeña joya fílmica La Bruja (2015) sorprendió refrescando el género al hacer de los prejuicios la más perturbadora fuente del terror.  Y si en aquella ocasión recurría a un puñado de personajes para detonar las variadas lecturas de la historia, nutrida con las creencias de los colonos de Nueva Inglaterra y relacionada con la herejía, los cultos insanos y la estigmatización a distintos niveles, esta vez apuesta por llevar al extremo la relación inversamente proporcional de ambos elementos.

En El faro, el cineasta Robert Eggers reduce la fórmula a sólo dos protagonistas, el guardián de una baliza (Willem Dafoe) y su aprendiz (Robert Pattinson). De esta forma acentúa el aislamiento: están en una isla cercados por la naturaleza salvaje. Esto multiplica exponencialmente las implicaciones del concepto, que le otorga un nuevo e inquietante significado a las clásicas leyendas marinas, acercándose a la idea de las difusas alegorías al estilo de H.P. Lovecraft.

La decantación de la patología masculina aquí es despiadada y se va develando con base en la repetición de frases que contrastan con silencios profundos, empujando secuencias casi oníricas y otorgándole la abstracción necesaria para poner orden al caos dentro de un desarrollo febril, reforzado por el cuidadoso traslado de las convenciones teatrales, mismas que son asumidas hasta sus últimas consecuencias por actores comprometidos física y emocionalmente.

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En ese sentido, estamos ante un encuentro de amor-odio en tono shakesperiano, del que salen bien librados tanto el siempre sugestivo y capaz Willem Dafoe como el joven Robert Pattinson, quien vuelve a demostrar su capacidad y talento en un contundente guiño, por cierto, para aquellos que con tanta frivolidad han criticado su elección para interpretar al nuevo Batman.

Por supuesto, otra de las herramientas manejadas a la perfección por Robert Eggers es el blanco y negro, que le permite estilizar y al mismo tiempo ensuciar las imágenes con cierta saturación, para conseguir el toque de belleza pesadillezca y espasmos expresionistas hacia el tramo final, que bien podría relacionarse con el estilo delineante característico de artistas del cómic como Mike Mignola con su Hellboy.

  • El dato: Durante el rodaje, Pattinson y Dafoe rara vez hablaron entre sí; el primero se hospedaba en un hotel con el resto de la producción y el segundo, en una cabaña de pescador.

El faro es un pasaje seductor y simultáneamente enfermizo e incómodo, en donde con alevosía se ríen de lo endeble de la humanidad detonando el miedo en la orfandad ante uno mismo, que evoca ese mundo oculto en lo mundano y definido por la ansiedad, que juega a llegar al límite de la cordura para hacer retorcidos planteamientos sobre la existencia, en un ejercicio fílmico abrumador e irresistible que a muchos les recordará a Béla Tarr y su Caballo de Turín (2011) y a otros más les hará sentir que el espíritu de Edgar Allan Poe está más activo que nunca.

La cinta resulta uno de los mejores estrenos de las últimas fechas e indispensable para cualquier cinéfilo que se precie de serlo.

El faro

  • Director: Robert Eggers
  • Género: Horror psicológico
  • País: Estados Unidos
  • Año: 2019