Eso no puede pasar aquí

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Sinclair Lewis es un escritor estadounidense más o menos olvidado en su propio país y pocas veces frecuentado por los lectores del nuestro. No obstante, fue el primer estadounidense en ganar el Premio Nobel de Literatura (1930). En fechas recientes su obra se reeditó para recordar a los lectores su crítica feroz del provincianismo, clasismo, conservadurismo, racismo y el fundamentalismo religioso en el sur de la Unión Americana.

Novelas como Babbitt, La Calle Principal, El Doctor Arrowsmith o Elmer Gantry acreditan las ácidas observaciones de un analista de la clase empresarial, eclesiástica y política en el país más poderoso de la tierra.

El año pasado volvió a publicarse con gran éxito en numerosos idiomas (español incluido) su novela más polémica: Eso no puede pasar aquí. En ella, Lewis describe la llegada a la Presidencia de Estados Unidos de Berzelius “Buzz” Windrip, un fascista de peso completo.

Ambientada en la época de la Gran Depresión, el nuevo habitante de la Casa Blanca consigue la victoria electoral prometiendo subsidios mensuales a los segmentos más pobres de la población, acceso universal a la educación superior, un nacionalismo a ultranza y políticas económicas opuestas al comercio exterior. Windrip ofrece regresar a una edad de oro anterior a la entronización de una mafia.

Los círculos intelectuales, periodísticos y artísticos de Estados Unidos observan su ascenso con escepticismo y no se atreven a denunciarlo. No hay de qué preocuparse, afirman, pues ese tipo de figuras solamente gobiernan países “diferentes y atrasados”, como los sudamericanos. “Eso no puede pasar aquí” es el mantra recurrente de los protagonistas del libro.

“El Congreso lo detendrá”, afirman algunos. “La Suprema Corte va a contenerlo”, se consuelan los de más allá. Desde su toma de posesión, Windrip rodeado de un gabinete de fanáticos y resentidos sociales, somete a plebiscito cada decisión, derogando de facto toda legislación desfavorable a su proyecto. Devalúa la moneda y quiebra la economía nacional por su ignorancia de las finanzas públicas. Integra grupos paramilitares para silenciar a los críticos, destruye los partidos políticos de oposición. El presidente encarcela activistas de la sociedad civil, concepto que desprecia, así como a periodistas disidentes. Despoja de sus derechos a las minorías negras, latinas y femeninas. Ante cada arbitrariedad del tirano, mientras más refugiados huyen a Canadá, los personajes del libro siguen exclamando, orgullosa y estúpidamente, “eso no puede pasar aquí.”

La semana pasada, el maestro Adolfo Castañón, de la Academia Mexicana de la Lengua, publicó un artículo notable sobre la actualidad de la obra de Luis Spota para entender la política mexicana. Tal vez convenga releer a Sinclair Lewis, lamentablemente vigente para entender la política de Estados Unidos y la nuestra. ¿O eso no puede pasar aquí?

Raudel Ávila
Raudel Ávila

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