¿Está bien atada la sucesión cubana?

VIÑETAS LATINOAMERICANAS

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Con el reciente traspaso de poderes en Cuba, se han verificado algunas decisiones, que de ser plasmadas en la nueva Constitución, como aseguró Raúl Castro, implicarían mutaciones problemáticas del sistema político de partido comunista único. Las modificaciones más importantes son el establecimiento de diez años, es decir, un quinquenio con derecho a reelección inmediata, para el ejercicio de los máximos cargos de dirección del país, y la separación, por sólo tres años, entre las funciones del Presidente de los Consejos de Estado y Ministros y el Primer Secretario del Partido Comunista.

Si el periodo de una década para el ejercicio de los cargos públicos adquiere rango constitucional de aquí a 2021, lo más probable es que comience a tener validez a partir de ese momento. De manera que si algún ministro cubano, como el de Relaciones Exteriores Bruno Rodríguez, que en 2019 cumplirá ya diez años en el cargo, es ratificado, podría ejercerlo por otra década más. El objetivo de mantener una renovación generacional constante en las máximas posiciones del gobierno y del Estado, conllevaría una aplicación discrecional de la fórmula de los dos quinquenios, que puede ser conflictiva en el futuro próximo de esa élite política.

La separación de funciones entre la Presidencia y la Secretaría General del Partido Comunista, por sólo tres años, también podría ser motivo de múltiples tensiones. En los próximos años, no tanto, ya que el líder histórico e indiscutido de las diversas corrientes de la clase política es quien pasa a un segundo plano, pero en uno o dos quinquenios, cuando ése y otros líderes de la generación histórica falten, el nuevo mecanismo no parece ser el más apropiado para concentrar o distribuir el poder dentro de las nuevas generaciones. Menos conflictiva sería, de hecho, una separación plena de funciones.

Raúl Castro sugirió que la composición del parlamento, más equitativa en términos generacionales, raciales y genéricos, debía incrementarse en los próximos años. Alcance o no esa mutación rango constitucional, su puesta en práctica podría ser el punto de partida de un cambio más profundo. Ninguno de esos diputados jóvenes, negros o mujeres, responde a un electorado o a una base representacional juvenil, afrocubana o femenina. Todos están ahí por pertenecer a instituciones locales o nacionales del Estado, pero el incremento de la diversidad puede reflejarse en el trabajo legislativo, especialmente en las comisiones.

En las últimas semanas, medios oficiales cubanos, y sus ecos latinoamericanos, han trasmitido la impresión de que el modelo sucesorio está perfectamente calculado. Francisco Franco decía más o menos lo mismo, cuando en 1969 aseguraba que la sucesión de poderes a favor del Rey, Juan Carlos de Borbón, estaba “atada y bien atada”. La sucesión en Cuba no está perfectamente diseñada: se hace y, sobre todo, se hará sobre la marcha, después de que la generación histórica desaparezca.

Rafael Rojas

Rafael Rojas

Historiador, internacionalista.
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