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Omarosa Manigault, en una foto del 16 de febrero de 2017, en la Casa Blanca. Foto: AP

La vida de Donald Trump dentro de la Casa Blanca vuelve a ser centro de atención. Ayer, la exasesora de comunicaciones del presidente de Estados Unidos, Omarosa Manigault Newman, aseguró que funcionarios del gobierno encubren un presunto “declive mental” del magnate, a quien se le dificultaría procesar información compleja.

En una entrevista trasmitida ayer en el canal NBC, Omarosa indicó que durante poco más de 10 meses de trabajo con Trump, ella fue también “cómplice de esta Casa Blanca para engañar a esta nación” acerca de lo que describió como limitaciones intelectuales del presidente.

  • El dato: Según la excolaboradora, John Kelly aseveró que las cosas podían “ponerse feas” en caso de que rechazara el despido.

“Continúan engañando a esta nación sobre qué tan disminuido mentalmente se encuentra (Trump), de lo difícil que es para él procesar información compleja, de cómo él no está involucrado en algunas de las decisiones más importantes que afectan a nuestro país”, aseguró. Manigault, quien fuera la colaboradora de origen afroamericano de mayor perfil en la Casa Blanca, continuó este fin de semana con la promoción de su libro Unhinged: An Insider Account of the Trump White House, que describe su labor dentro del Despacho Oval.

La excolaboradora también difundió ayer un audio con la grabación de su despido de la Casa Blanca, en diciembre pasado, anunciado por el jefe de gabinete, John Kelly, que Manigault calificó como una amenaza.

“Es importante entender que si hacemos que esto sea una partida amistosa, todos podemos serlo. Ya sabe, puede ver su tiempo aquí en la Casa Blanca como un año de servicio a la nación, y luego puede continuar sin ningún tipo de dificultad en el futuro en relación con su reputación”, afirmó Kelly a Manigault. De acuerdo con la excolaboradora, Kelly aseveró además que las “cosas pueden ponerse feas” en caso de que ella rechazara los términos del despido.

Manigault explicó por qué grabó su conversación con el jefe de gabinete. “Me protegí porque ésta es una Casa Blanca en la que todo el mundo miente. El presidente miente al pueblo estadounidense. Sarah Huckabee se para frente al país y miente todos los días. Tienes que cuidar tu propia espalda porque de lo contrario mirarás hacia atrás y verás 17 cuchillos en tu espalda”, justificó, y lanzó un mea culpa. “Fui cómplice y por eso me arrepiento”, dijo la ex concursante de Aprendices.

La Casa Blanca condenó las acusaciones de la exfuncionaria. “La sola idea de que un miembro del personal introdujera un dispositivo de grabación en la Sala de Situación de la Casa Blanca muestra una flagrante falta de respeto por nuestra seguridad nacional, y luego presumir en la televisión nacional demuestra la falta de carácter e integridad de este descontento. Empleada de la casa “, afirmó Sanders en un comunicado.

En un extracto del libro publicado la semana pasada por el diario The Guardian, Manigault describe a Trump como “un racista, fanático y misógino”, que usa insultos raciales. “Una vez que lo escuché por mí misma, confirmé lo que más temía, que Donald Trump es un estafador y se ha estado haciendo pasar por alguien que realmente está abierto a la participación de diversas comunidades. Pero cuando habla de esa manera, como lo hace en esta cinta, confirma que realmente es un racista”, explicó la exasesora en entrevista con la televisora estadounidense.

El diario The New York Times publicó otro extracto del libro, en que la excolaboradora asegura que Trump tiene una cama de bronceado en la Casa Blanca, y que ella lo vio una vez comiéndose un documento para evitar que fuera integrado al archivo presidencial.

Marcha supremacista naufraga en EU

Una marcha de supremacistas blancos frente a la Casa Blanca fracasó ayer en medio de la lluvia luego que asistiera sólo un puñado de activistas, ampliamente superado por cientos de contra-manifestantes.

En un esfuerzo por evitar los disturbios y el caos de hace un año, en una marcha similar en Charlottesville, Virginia, que terminó con un muerto y 19 heridos, la policía montó un fuerte dispositivo de seguridad para evitar el contacto entre los supremacistas y los contramanifestantes.

La policía utilizó gas pimienta hacia el final de las manifestaciones contra un grupo de antirracistas vestidos de negro que se trenzaron con la policía a pocas cuadras de la Casa Blanca; aunque la jornada terminó sin mayores incidentes.

En el primer aniversario de aquellos incidentes, la red de extrema derecha Unite the Right (Unir a la derecha) había convocado a una nueva concentración en Washington, pero sólo una veintena de supremacistas llegó a la capital desde Vienna, Virginia, bajo una fuerte escolta policial.

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