Expectativas económicas: sentidos opuestos

  • Tamaño de fuente: A  A  A  A  

Horacio Vives Segl


Indicadores económicos dados a conocer la semana pasada dan una muestra de qué tan alejadas se encuentran las expectativas sobre la situación económica del país. Los últimos reportes difundidos de Moody’s y el Índice de Confianza del Consumidor (ICC), elaborado de manera conjunta por el INEGI y el Banco de México, reflejan la polarización de las percepciones sobre el momento actual que atraviesa la economía mexicana.

  Moody’s : reconocimiento del exterior. El anuncio de que dicha firma mejoró la calificación de los bonos soberanos de México de “Baa1” a “A3” con perspectiva estable, fue una noticia justamente celebrada. En esa metodología, se puede interpretar que pasar del segmento “B” al segmento “A” (con todo y que no es la mejor nota posible), puso al país dentro de su selecto club de naciones con las mejores finanzas. En todas las regiones del mundo, los países buscan que empresas calificadoras como Fitch, Standard & Poor’s, Goldman Sachs o Moody’s evalúen en sus ratings de la mejor manera posible sus bonos y finanzas. La nota de Moody’s es reflejo del buen ánimo con que se han evaluado hasta ahora las llamadas reformas estructurales (telecomunicaciones, competencia económica, fiscal y energética) por las potenciales perspectivas de crecimiento para México. Un reconocimiento que se da al país por un adecuado manejo de finanzas sanas desde hace varios años. Bien hasta ahí.

 Desplome del Índice de Confianza del Consumidor: pesimismo interno. La otra cara de la moneda fue la caída de un 15.5% en el indicador del ICC en enero de 2014, comparándolo con el mismo periodo de un año antes, y de 8.6%, considerando un ciclo anual, según datos de las dos instituciones nacionales encargadas de proveer información oficial. Dicho indicador es el termómetro que mide la situación económica dentro del hogar. No hay una percepción positiva sobre el desempeño económico del último año y sobre las expectativas a futuro dentro de las unidades familiares.

Parece entonces que no hay correspondencia entre el reconocimiento —a nivel “macro”— del manejo de las finanzas públicas que se hace en el exterior y la percepción que —en lo “micro”— debieran sentir en su evaluación económica las familias mexicanas. Cierto, los beneficios de las reformas, apenas aprobadas en el ámbito constitucional, no son factibles de traducirse en el inmediato plazo en los bolsillos de los ciudadanos de forma generalizada. Pero hay líneas de comunicación que contribuyen a que no haya tangencia posible: por un lado, hay un reconocimiento de que los beneficios llegarán en un futuro próximo, pero por otro, por citar sólo algunos ejemplos, se espera que los recibos de luz lleguen ya por montos notoriamente menores, que terminen los mal llamados “gasolinazos”, que bajen las tarifas de los celulares o que proliferen los empleos bien pagados, para que los individuos en lo particular y los hogares perciban los beneficios de lo que se reconoce internacionalmente a nivel “macro”.

hvives@itam.mx
Twitter:
@HVivesSegl

Compartir