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Este año la convocatoria del GIFF recibió tres mil 588 películas de 117 países. Foto: Especial
Este año la convocatoria del GIFF recibió tres mil 588 películas de 117 países. Foto: Especial

Después de las complicaciones que enfrentó el año pasado —muchas de ellas relacionadas con cuestiones de presupuesto—, uno de los encuentros fílmicos más longevos de nuestro país alcanza la edición número 21 y lo hace apostando por dar continuidad a planteamientos que se han convertido en parte de su identidad y atractivo principal, más allá de las películas que, sin duda, son el plato fuerte.

Gráfico: La Razón de México

Entre ellos debemos destacar el contar con un espacio denominado como Epicentro, en donde, usando una serie de llamativos dispositivos —que incluyeron visores, cascos y hasta arneses—, se pudieron ver cortometrajes realizados para experimentar algunos de los avances en cuanto a la realidad virtual se refiere, cumpliendo así con el que debe ser uno de los objetivos indispensables de un evento como éste, el ofrecer al espectador la posibilidad de acercarse al fenómeno cinematográfico de las formas más variadas posibles.

Esto, junto con las ya acostumbradas secciones de identidad y pertenencia, que incluye proyectos documentales enfocados en la cultura de la región; además del siempre emocionante Rally Universitario, en el que un grupo de estudiantes enfrentan el reto de realizar un cortometraje en tan solo 48 horas —del cual se dan a conocer los resultados durante el festival—, reafirma al GIFF —por sus siglas en inglés— como uno de los festivales de vanguardia y con mayor enfoque juvenil.

Gráfico: La Razón de México

Claro que el gran festín estuvo en la selección de películas, entre las que debemos mencionar L’ Insulte El insulto, por su título en español—, propuesta libanesa de Ziad de Doueiri, que retoma la clásica fórmula del cine de abogados estadounidense, para ofrecer un poderoso tratado sobre la naturaleza de los conflictos sociales, hurgando en la culpa y los resentimientos que se ocultan en una supuesta tolerancia en Beirut, y detonan a través de los incidentes mas pequeños. Destaca la elocuencia emocional y la intensidad del desarrollo que nunca pierde el paso a pesar del cada vez más complejo entramado.

Mención aparte merece la proyección de la esperada Moronga de John Dickie, película mexicana que, a través de los excesos y con un conflicto social como telón de fondo, potencia lo insólito de lo cotidiano presentando personajes tan carismáticos como extravagantes. Se trata de un concepto de manufactura con aire teatral, que no es para todos los gustos y en el que no caben los términos medios —será amado u odiado—, pero cuyo ímpetu provocador, proporcional a lo seductor y desagradable que resulta, no puede ser ignorado.

Dicho lo anterior, y teniendo en cuenta que todo se desarrolla en escenarios únicos como el Teatro Juárez, la Alhóndiga de Granaditas, el Panteón de Santa Paula y los tradicionales túneles de la ciudad, queda claro que el Festival Internacional de Cine de Guanajuato está más vivo que nunca.

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