El corazón de otro gran rocanrolero dejó de hacer tic-tac a los 89 años. El gordo de la sonrisa eterna fue un pionero que tuvo sus primeros éxitos antes de que irrumpieran Chuck Berry, Little Richard, Elvis y Bill Haley. Su clásico boogie woogie “The Fat Man” ya había vendido poco más de un millón de copias en 1951.

Pianista que bombeaba las teclas de manera particular, desde el blues hasta el ska, y compositor adiestrado por el guitarrista de jazz Harrison Verrett, el oriundo de Nueva Orleans Antoine Dominique Domino Jr. (1928) era bluesero de bar cuando se unió a The Solid Senders a los catorce años. En ese grupo comenzaron a llamarlo “Fats”. Como solista, el corpulento y simpático cantante de voz amable resultó ser un fenómeno de ventas después de Elvis; entre 1955 y 1963 colocó más de 37 sencillos en las listas de popularidad. Su mayor éxito fue la versión de “Blueberry Hill”, que en 1956 vendió más de cinco millones de copias. La cifra palidece frente a los casi setenta millones de discos y la cantidad de regalías que cobró en vida.

Según el músico y actor Dr. John, el secreto de Domino era una melodía sencilla, algunos cambios de acordes con groove y un ritmo bastante cool. “Y todas sus canciones tenían letras sencillas, esa era la clave”. Los años más productivos y exitosos de Domino en Imperial Records, así como sus “canciones y discos perfectos”, sucedieron al lado del productor y compositor Dave Bartholomew. Junto a un gran músico suele haber un gran productor. El paso de Fats a la historia también se debe a su dupla creativa. Y al reconocimiento público que hicieron Elvis y luego The Beatles con “Lady Madonna”.

Durante años fue célebre por sus kilométricas presentaciones, muchas de las cuales terminaban en disturbios raciales atizados por el calor del rock y el alcohol. Fue protagonista de cuatro grandes desmanes, razón por la cual le cancelaban fechas y le negaban contratos. El más rudo sucedió en 1956 en el Auditorio de la Legión Americana, en Roanoke, Carolina del Norte: cuando tocaba alguien arrojó una botella desde el balcón de los blancos al piso de los negros. Eso desató una batalla campal que arrasó el auditorio.

Cuando su carrera declinó en los sesenta, se mudó a Las Vegas donde jugó, perdió y quebró. Su retorno fue con el disco Fats Is Back de 1968, producido por Richard Perry, que lo llevó a tocar de nuevo en vivo. Viajaba como rey, con cientos de trajes, zapatos
y anillos. En 1995 se retiró de los escenarios y se dedicó a vivir la fama en su Cadillac rosa, entre premios y reconocimientos como su inclusión en el Salón de la Fama del Rock en 1986 y el estupendo disco
Goin’ Home: A Tribute to Fats Domino. En 2005 perdió su casa en el huracán Katrina, tres pianos, sus discos de oro y platino. Y en 2008 falleció su esposa de toda la vida, Rosemary, con quien tuvo ocho hijos. Finalmente se estableció en Harvey, a las afueras de su natal Nueva Orleans, donde murió como el final de una gran canción de rock and roll. 

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