Elisa Carrillo, primera bailarina del Staatsballett Berlin, presentó una nueva edición de su tradicional gala “Estrellas del Ballet, Elisa y Amigos” que se llevó a cabo la noche de ayer en la sala principal del Palacio de Bellas Artes, a la que asistió el presidente de México, Enrique Peña Nieto.

Acompañada por renombradas figuras de la danza clásica de diversas nacionalidades y de algunas de las compañías de ballet más importantes del mundo, como el American Ballet Theatre, el Teatro Mariinsky, el Staatsballett Berlin y el Teatro Mikhailovsky, Elisa Carrillo compartió escenario con la estrella internacional y coreógrafo Marcelo Gomes, así como con Artur Shesterikov, Daniil Simkin, Maia Makhateli, Leonid Sarafanov y Olesya Novikova, entre otros más.

En la segunda parte del programa, el Staatsballett Berlin y sus dos primeros bailarines, Elisa Carrillo Cabrera y Mikhail Kaniskin, interpretaron el estreno en México y en América Latina de la obra White Darkness, una coreografía del español Nacho Duato, director artístico de esa misma institución alemana.

Elisa Carrillo, comprometida con México y con los nuevos bailarines

Con disciplina, estudio y dedicación por la danza, en la que incursionó desde los seis años de edad sin pensar que se convertiría en su pasión, Elisa Carrillo trabaja día tras día para mantener su calidad técnica pero, sobre todo, apoyar a jóvenes bailarines.

Vestida elegantemente luego de anunciar el “Danzatlán. Festival Internacional de la Danza”, en el Palacio de Bellas Artes, Elisa Carrillo, primera bailarina del Staatsballet Berlin, platicó sobre sus preocupaciones y cómo inició su camino por el ballet.

Contenta por todos los objetivos que se ha propuesto para apoyar a los jóvenes bailarines, ya sea a través de la Fundación Elisa Carrillo Cabrera y ahora el encuentro dancístico que se realizará en diferentes recintos de la Ciudad de México, del 7 al 15 de julio, recordó parte de su pasado, sobre todo de niña.

Luego de unos segundos Elisa Carrillo comentó que ese amor por la danza llegó sin pensarlo a los seis años de edad cuando entró a una escuela de ballet y luego a los ocho años incursionó a la Escuela de Danza Clásica.

“La danza siempre formó parte de mi vida, aunque nunca supe desde pequeña que la danza clásica era lo que me iba a ser feliz, fue como descubrir poco a poco”, reconoció la bailarina y madre de una niña.

Sentada en un sillón de un pequeño cuarto de la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, la intérprete que ha pisado los mejores teatros de diversos países descartó que haya sacrificado algo, pues no lo puede ver como un sacrificio, porque fue algo que formó parte de su vida y que jamás dejó de ser niña o dejó de jugar o dejó de acudir a fiestas por hacer danza.

“Claro que tenía mucha disciplina, tenía que tomar clases cuando los niños tenían un fin de semana, yo tenía que ir a la escuela, pero no nunca lo vi como un sacrificio, porque es algo que me hace feliz, ahora sé que me dio mucho”, expresó Carrillo, quien ha recibido reconocimientos como la Medalla Bellas Artes y Medalla de Oro del Festival Internacional de la Cultura Maya.

Con todo eso que de pequeña hizo, relató la bailarina, “uno crece y uno aprende a ser más independiente, porque te disciplina en todos los sentidos, ya sea en levantarte temprano e ir a clases, ensayos y uno va aprendiendo las reglas y a respetarlas, porque uno tiene que trabajar”.

Sin embargo ella nunca lo sintió como una obligación, porque sabía que si quería llegar a ser o bailar tal cosa tenía que hacer eso y se volvió parte de su vida, por lo que no lo vio como un sacrificio.

En ese momento en el rostro de Elisa Carrillo se observó un dejo de melancolía, porque uno de los episodios tristes de su vida fue haber dejado México y, por supuesto, a su familia, lo que fue de gran dolor para ella.

“Pero, por otra parte, esa ausencia me ha dado tantas cosas, me ha unido tanto a mi familia, creo que a veces puedo decir que nos ha unido la distancia”, expresó la bailarina, quien descartó que en un futuro pueda convertirse en una coreógrafa, sino más bien en una maestra.

Ahora su mayor preocupación es mantener un nivel de calidad, porque como bailarina pasó por diferentes etapas pero, sobre todo, lo que uno no debe olvidar nunca, dijo, es dedicar las horas necesarias a tu entrenamiento para mantenerte en un nivel.

Con una serenidad que reflejó, a pesar de que en unas horas viajara a Alemania para continuar con su agenda de trabajo, abundó que “no solamente se refiere a lo técnico, sino a esa madurez que debe tener como artista para que las cosas que uno presenta en el escenario no se vuelvan sóloo una rutina, sino cuidar esa parte y que siempre sea diferente”.

La también embajadora de la cultura de México subrayó que otra de sus preocupaciones como bailarina es lo que puede hacer por el país, que se vuelve una presión, que es hacer cosas que sean importantes para México.

“En algo que mueva, algo que pueda ayudar a promover, pero que no sólo se quede aquí, sino que pueda viajar, que pueda tener puentes que unan a mi país con todo lo que está pasando en todas partes del mundo”, reiteró la bailarina, casada con el también bailarín Mikhail Kaniskin.

También reconoció que siempre ha habido artistas, gente que ama la danza, que se dedica y que hay mucho talento.

“Creo que en los últimos años ha crecido el interés, pero sobre todo la aceptación de mucha gente mexicana que empieza a ver a la danza de otra manera, no sólo por lo que yo hago, sino en general”.

Con una mirada fija y con una certeza en sus palabras, reiteró que hay muchos mexicanos que ahora están en el extranjero en diferentes expresiones artísticas sea en la ópera, música y danza.

“Creo que en los últimos años con todo lo que está pasando, todos los avances que hay, creo que ahora es más fácil viajar, llegar a otros lugar, creo que esto ha cambiado, en los últimos 10 años que ha habido un cambio mucho más claro”, concluyó la destacada bailarina.

Saludos,