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Descubrí Frëims por azar. Como soy adicto al dátil, apenas descubrí su ensalada de dátiles me volví un incondicional.

También por azar en una de mis incursiones conocí a Marcos Galante, uno de los propietarios. “Freïms surgió de la casualidad y la buena suerte”, me confesó. Existen personas que ante las crisis deciden abrazar la sobriedad o practicar el budismo, Marcos decidió abrir una cafetería que ofreciera sandwiches en pan de waffle en la colonia Roma. Cómo pasó del negocio familiar de textiles a los sandwiches cuadriculados fue obra de su esposa Sara, escritora. Como el pulso de la cultura era fuerte, en 2016 se asociaron con Carlos Metta, músico de la Klesmerzon y abrieron una sucursal en la Condesa, en Ámsterdam 62 b. Donde además de la cafetería venden vinilos, Marcos es un melómano incurable, libros de editoriales indies entre las indies y cuentan con un amplio patio con un escenario en el que se ofrecen esporádicas presentaciones de artistas.

La signatura del local surgió por un juego lúdico. Su personalidad obedece tanto al ingenio de su propietario como a la incursión en el waffle. “El nombre ha sido mi apodo desde los 17 años. Un amigo y yo jugábamos a traducir los nombres a otros idiomas. Mi nombre Marcos se traduce en Frames. En ese entonces, cuando decidimos lo de los sandwiches en waffle, el mercadólogo nos pidió que pensáramos en nombres que evoquen lo waffleado. Le contamos de mi apodo y así salió el nombre del restaurante. Decidimos cambiarlo a Frëims para que fuera menos evidente.” No hay duda de que fue un gran acierto. Ya que Marcos habría sido nombre propicio para una pizzería, una cerrajería o un puesto de jugos, pero no para un lugar especializado en el waffleado. Una oferta que no es común.

 

La signatura del local surgió por un juego lúdico. Su personalidad obedece tanto al ingenio de su propietario como a la incursión en el waffle

 

Nada despierta el ingenio como las limitaciones. Y fue el espacio reducido del local de la Roma lo que hizo que idearan un menú en base al waffle. “No podíamos tener cocina a base de gas ni extracción de humo y calor. Tuvimos que encontrar soluciones. Los sandwiches waffleados fueron una alternativa sencilla y práctica en ese momento que funcionó mejor de lo que esperábamos. Hemos tratado de romper con eso pero la gente nos sigue asociando con los waffles. El platillo que más vendemos se llama Grand Slam: dos huevos al gusto + waffles de frutos rojos + tocino.”

Pero no todo ha sido fácil. Como muchos negocios en la CDMX sufrió un revés por culpa del sismo. “La diferencia entre la mañana del 19S y la tarde en la que volvimos fue abrumadora. Donde antes teníamos un proyecto lleno de vecinos, clientes recurrentes y extranjeros, ahora estaba cubierto de escombros, y así nos sentíamos. Derrumbados emocional y financieramente. Una de las partes más duras fue tener que hablar con nuestro personal, con el cual habíamos logrado una rotación casi nula en los últimos meses, algo muy complicado en la industria de los restaurantes.

“A partir de ese día vinieron meses de mucha incertidumbre. No podíamos reabrir si no demolían, al menos, el edificio de Sonora 149 que nos cayó encima. Una vez que nos cayó el veinte de esto hablé con Daniel Ovadia, amigo y socio en un proyecto que abriremos este año, para pedirle ayuda. Nos ofreció reubicar a parte de nuestro personal con ellos. En esos mismos días hablé con las cuatro cabezas que dirigen: chef, subchef, jefe de barra y gerente. Les expliqué la situación y les sugerí que buscaran trabajo. Frëims, para mí, estaba moribundo y tomaría mucho tiempo reabrirlo. Esa misma tarde recibí un correo firmado por los cuatro: no buscarían trabajo, seguirían trabajando para nosotros y estaban dispuestos a sacrificar sus ingresos. Tres meses nos tomó reabrir el salón, un mes después de abrir el salón abrimos el patio. Actualmente seguimos trabajando con horario reducido pero en abril retomaremos el horario nocturno. El proyecto sigue vivo gracias al personal que trabaja acá, gracias a amigos y vecinos, también. Antes del sismo trabajaban veinticinco personas en Frëims, hoy trabajan dieciséis y todas eran parte del staff que estaba con nosotros antes del sismo.

“No hemos recibido ninguna ayuda de ninguna empresa o institución gubernamental. Al contrario. El banco nos tiene de
los huevos por un crédito que dejamos de pagar en los meses que estuvimos cerrados, la compañía de seguros ha hecho todo lo posible por pagar lo menos posible y la delegación y el gobierno nunca se han acercado a nosotros.”

Pero Frëims continúa respirando. Es uno de mis lugares favoritos en la CDMX. Visítenlo. Se los recomiendo.

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