Gobernadores del PAN y del PRI, con una mano adelante y otra atrás

QUEBRADERO

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CARTAGENA.- En la larga transición en que estamos es difícil que no haya una alta dosis de incertidumbre, hasta cierto punto es inevitable. En octubre de 2024 las cosas serán diferentes debido a que la nueva ley marca que la toma de posesión presidencial sea el primero de octubre, no el primero de diciembre, y que las elecciones sean de nuevo en el mes de junio.

La incertidumbre tiene que ver con un Presidente virtual que no es Presidente, pero que actúa, en los hechos, como si ya lo fuera. Las circunstancias y los resultados han colocado a López Obrador en una posición de ventaja, de control de las cosas y también de privilegio.

El solo hecho de que haya anunciado una serie de cambios, sin duda, profundos y controvertidos, tiene en vilo a mucha gente y a muchas organizaciones sociales. Estamos en el preámbulo de cambios que muy probablemente sacudan al país como hace mucho tiempo no sucedía.

Algunas figuras que se están proponiendo generan incertidumbre. Los delegados que va a nombrar para cada estado pueden acabar siendo, en los hechos, gobernadores paralelos a los gobernadores electos. Los delegados van a tener un poder mayúsculo y van a ser una extensión del Presidente.

Los gobernadores están en verdaderos apuros, sobre todo los priistas. Están en un callejón sin salida; por un lado tienen a los mencionados delegados y por el otro, tienen congresos con mayoría de Morena; están cercados. El resultado de la elección generó una nueva estructura del poder en México. Lo que en otro tiempo fue el poder real, omnipresente y desmedido de los gobernadores, ahora va a ser atenuado de manera considerable por sus entornos.

Los gobernadores del PRI han quedado huérfanos, nunca como ahora dependen de ellos mismos. Situación similar va a pasar con los del PAN. No hay quién les ayude, no hay a quién puedan consultar y no van a tener de otra que negociar con una mano adelante y otra atrás con el inquilino de Palacio Nacional, porque, como bien sabemos, ya va a dejar Los Pinos.

El tema tiene una alta dosis de incógnita. Qué van a hacer los gobernadores de aquí a los siguientes procesos electorales, cómo van a sacar sus presupuestos, a fin de cuentas qué tanto van a poder gobernar. No queda claro si ellos van a ejercer el poder o van a tener que consultar todo para ejercerlo.

En el terreno de la incertidumbre no sabemos todavía qué pasará en los hechos. Se intuye una serie de escenarios por lo que ha planteado López Obrador, pero habrá que ver la instrumentación de lo mucho que propone. En la pasada reunión de la Conago, los gobernadores optaron por el silencio o por las respuestas con lugares comunes. El único que estaba desatado, más bien sigue desatado, es el de Chiapas. Entregado con López Obrador se ha dedicado estos días a defender a Morena en el caso del dinero a los damnificados de los sismos de septiembre. Como bien nos decía ayer uno de los consejeros del INE, está en su derecho de opinar, pero sería bueno que leyera a detalle el documento del instituto. Velasco de repente se hizo morenista, más allá de la abierta simpatía de López Obrador por su abuelo.

La incertidumbre anda agobiando a los gobernadores y lo peor para ellos es que tienen razón, estando en el poder su capacidad de maniobra y su futuro son inciertos; los resultados de las elecciones los dejó como a muchos otros damnificados, con una mano adelante y otra atrás.

RESQUICIOS.

La Cueva es un histórico restorán de Barranquilla. Por él han pasado muy destacados escritores colombianos. Se pasaban largas horas bebiendo y discutiendo, y se asegura que en ese lugar se gestó una buena cantidad de obras literarias. La Cueva es para visitarse, para comer y para beber.

El principal personaje de aquellos años se llamaba ni más ni menos que Gabriel García Márquez.

Javier Solórzano Zinser
Javier Solórzano Zinser

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