Gobiernos, partidos y medios

QUEBRADERO

La compleja relación entre los dueños de los medios de comunicación y los gobiernos es al mismo tiempo compleja y de conveniencias mutuas. A menudo hacen como que se enojan y utilizan los medios de comunicación para hacerlo notar. Da la impresión que la confrontación va en serio, pero al final llegan a acuerdos con base en el entendimiento y el dinero para que todo quede en paz y en un todo olvidado.

No es casual que un dueño de medios hace algunos años le dijera a un alto funcionario que los medios dan las malas noticias y que los gobiernos pagan por difundir las buenas.

Con leyes o sin leyes, la mayoría de las veces los problemas, grandes o pequeños, terminan por resolverse en el cara a cara. Muchos de los acuerdos entran en terrenos en que los reportes son trasparentes, en tanto que con otros arreglos sólo terminamos por conocer una parte de las historias.

Hemos entrado también, desde hace años, en los terrenos de otra singular relación: partidos políticos-medios de comunicación. De alguna u otra forma este binomio tiene en las leyes una serie de controles que no son fáciles de romper o de ser evadidos.

No dudamos que puedan pasar muchas circunstancias de las cuales no se pueda tener registro porque se producen por debajo de la mesa; sin embargo, la relación medios–partidos ha estado siendo cada vez más vigilada por la sociedad, el INE y una buena cantidad de acreditadas ONG.

Todo esto se sabe, no es nuevo por más que se haya debatido y reglamentado. La estructura de poder de los medios ha cambiado poco y los nuevos propietarios se han venido a sumar a las viejas relaciones de poder, de las que ahora son parte integral y de las cuales en otro tiempo se decían profundamente críticos.

Sin duda hay avances importantes. El problema es que no ha desaparecido un viejo modelo, por más que algunos elementos se hayan atenuado. La estructura de los medios no ha cambiado en su esencia y los gobernantes, sin importar del partido que sean, optan por acordar con ellos, en el más amplio sentido de la palabra, sin importar consecuencias y sin proponer nuevos modelos.

No es casual que algunos gobiernos, reticentes a estas fórmulas, sean atacados sin ton ni son por algunos medios; no queda claro cuándo empieza la crítica y la libertad de expresión y cuándo están buscando hacer valer los viejos modelos.

Insistimos en que se ha avanzado, lo cual tiene mucho que ver con una sociedad activa y vigilante, más que con un cambio de mentalidad de gobiernos, partidos y la estructura de los medios de comunicación.

La complejidad de la relación entre estos actores hace las cosas más difíciles. No es para tranquilizar a nadie pero esta problemática está presente en muchos países, lo que pasa en el nuestro es que debido a intereses enquistados y compartidos todo se agudiza.

RESQUICIOS.

Así nos lo dijeron ayer:

En el Multifamiliar Tlalpan, en la delegación Coyoacán, somos 500 familias las que seguimos damnificadas. No tenemos certezas de ninguna índole. Hemos tenido convivencias regulares entre nosotros para buscar tener acuerdos, los cuales en muchos casos los hemos alcanzado.

Queremos una reconstrucción que no se improvise y que no tenga a las inmobiliarias como concejales. Queremos tener certeza de que la reconstrucción tendrá como eje edificios bien construidos sobre suelo seguro. Hemos sabido que de forma lamentable en algunas delegaciones se están cobrando las demoliciones.

Casi todas las familias estamos viviendo en campamentos. Tenemos una muy buena mesa de trabajo con la delegación y el Gobierno de la ciudad. En lo que corresponde al edificio del Multifamiliar que colapsó, hay evidencia de irregularidades en su construcción y diseño original.

Nosotros queremos seguir viviendo en la zona en donde hemos vivido toda nuestra vida. Es muy importante que todos los damnificados sigamos juntos: Francia Gutiérrez, vocera damnificados Multifamiliar Tlalpan.

Javier Solórzano Zinser
Javier Solórzano Zinser

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