Golpe al narco

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Horacio Vives Segl


La captura de Joaquín El Chapo Guzmán es uno de los mejores anuncios que el gobierno federal podrá dar durante la presente administración en materia de seguridad pública. Ante un tema tan complejo como es el combate a los grupos del llamado “crimen organizado”, generar una noticia así es muy oportuno ante la percepción pesimista generalizada en materia de seguridad. Hay algunos aspectos que me parece oportuno resaltar.

 Proceso de captura. Para combatir sin distinción a las organizaciones criminales, se requiere de un complejo trabajo estratégico y de inteligencia de años atrás. Probablemente durante el proceso de persecución en más de una ocasión se estuvo cerca de capturar al líder del Cártel de Sinaloa. Finalmente las fuerzas armadas —en el caso específico la Marina— lograron atraparlo, en una operación que no ameritó peligro alguno para la población civil, bajas en el combate, ni el abatimiento —en último caso— del personaje a capturar.

 El sitio. Es muy elocuente que un criminal tan buscado no se haya encontrado en un lugar de difícil acceso geográfico, aislado, mal comunicado o escondido en un búnker. No: se le encontró en un edificio céntricamente ubicado sobre una avenida costera en una zona turística y de recreo en Mazatlán. Los hechos dan para muchas preguntas: ¿desde cuándo el líder del cártel y sus lugartenientes estaban ahí y qué rutinas realizaban para ser “imperceptibles” para las autoridades locales? En serio, ¿nadie se dio cuenta?
¿Qué pasó con las autoridades y policías municipales y estatales? La investigación que se siga de la captura tendrá que arrojar respuestas a esas interrogantes.

 Siguientes pasos. A diferencia del caso colombiano, en donde el criminal más buscado, Pablo Escobar, negoció en su momento las condiciones de su entrega, estuvo por algunos meses en una cárcel —conocida como “La Catedral”, que él mismo dispuso y cómodamente acondicionó—, se fugó, fue perseguido y finalmente abatido, la situación de Guzmán Loera es muy distinta.
Cuando fue capturado, Pablo Escobar era el líder del Cártel de Medellín, que se encontraba en decadencia. Por el contrario, Guzmán —quien ya había sido apresado y (al igual que Escobar) se escapó— se encontraba, hasta hace unos días, al frente de una organización criminal con enormes recursos e, inclusive, él mismo había sido incluido en publicaciones aspiracionales como Forbes, como uno de los hombres más ricos del mundo y dirigiendo “un emporio trasnacional”. Así que parece natural una reorganización dentro del Cártel de Sinaloa para su sucesión. También será importante y habrá que estar atentos para evitar cualquier acto de revancha o intento de nueva fuga. En ese sentido, la marcha a favor de la liberación de Guzmán —con despliegue de armas y tiros al aire— celebrada a principios de semana en Culiacán, es un despropósito total.

Por lo pronto, el gobierno federal y la Marina han realizado una extraordinaria labor. Un gran golpe dentro de las muchas acciones que se tendrán que hacer para devolver la seguridad y erradicar conductas criminales que afectan a gran parte de la población del país.

hvives@itam.mx
Twitter:
@HVivesSegl

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