Golpe en Venezuela: realidad y fantasía

VIÑETAS LATINOAMERICANAS

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Un artículo de Ernesto Londoño y Nicolas Casey en The New York Times, este sábado, reportó que entre fines de 2017 y principios de 2018 el gobierno de Donald Trump se reunió con militares disidentes venezolanos y analizó la posibilidad de un golpe de Estado contra el presidente Nicolás Maduro, auxiliado por una intervención militar de Estados Unidos. Según la nota, los “funcionarios norteamericanos decidieron eventualmente no ayudar a los golpistas”.

Tan sólo que el gobierno de Trump haya contemplado la opción del golpe es alarmante. Haber llegado hasta ese escenario de pesadilla, que nos devuelve a los peores momentos del intervencionismo de Estados Unidos en América Latina, es una irresponsabilidad de los involucrados y de todos aquellos que promueven una solución violenta al conflicto venezolano. En los últimos años hemos visto cómo buena parte de la oposición venezolana pide un golpe o una invasión, dando la razón a Maduro, que la acusa de violenta.

Pero la noticia que publicaron Londoño y Casey es que, a pesar de su expediente belicista, el aparato de seguridad de Trump desestimó la idea. La explotación mediática del artículo de The New York Times por parte del gobierno de Maduro busca justificar el autoritarismo y la represión. De hecho, mucho antes de que se produjeran esas reuniones secretas, desde los primeros meses de 2014, cuando estallaron las primeras protestas en Caracas, el gobierno venezolano comenzó a denunciar proyectos de golpes de Estado y de intervención extranjera.

Una nota publicada por Mariel Lozada y Andrea García, en Efecto Cocuyo, a principios de septiembre de 2016, contabilizaba que Nicolás Maduro había denunciado 21 intentos de golpe de Estado en tres años de gobierno. Los autores intelectuales de esos golpes, según Maduro, habían sido varios: Barack Obama, Álvaro Uribe, Juan Manuel Santos, Andrés Pastrana, Sebastián Piñera y Felipe Calderón. A esos veinte golpes de Estado habría que agregar varios más en los dos últimos años.

El último de esos golpes habría sido el intento de asesinato de Maduro, el pasado 4 de agosto, cuando se produjeron varias explosiones durante un desfile militar. Entonces Maduro acusó al presidente Juan Manuel Santos de ser el instigador del atentado, pero no ofreció ninguna prueba. Si los perpetradores de ese ataque estaban relacionados con los altos mandos que se reunieron a principios de año con el gobierno de Trump, entonces fue esa la operación de los militares desertores.

El golpe de Estado y la intervención extranjera, de tristísima memoria en América Latina, han sido tradicionalmente recursos del poder en regímenes como el cubano, el nicaragüense y el venezolano. Una vez instalada esa alternativa, como realidad o fantasía, sirve para contraponer la seguridad nacional a la libertad política. La cancelación del espacio interno de la oposición y la transferencia del conflicto al exterior forman parte del autoritarismo del siglo XXI.

Rafael Rojas

Rafael Rojas

Historiador, internacionalista.
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